Circulo cerrado. Éric Boyer finaliza su Tour'95

24 horas después del accidente mortal sufrido por Fabio Casartelli en el descenso del Portet d’Aspet, el francés abandonaba el Tour desmoralizado y exhausto a nivel físico, para semanas más tarde, y sin volver a ponerse un dorsal, colgar definitivamente la bicicleta.

Lorenzo Ciprés (@LorenzoCipres)

Circulo cerrado. Eric Boyer finaliza su Tour'95
Circulo cerrado. Eric Boyer finaliza su Tour'95

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Ciclista profesional durante once temporadas, a Éric Boyer se le recuerda fundamentalmente por su triplete de etapas logradas en el Giro de Italia, donde también vistió de rosa, y por sus actuaciones en el Tour. En Francia acabó quinto de la general en una ocasión (1988), siendo después uno de los principales ayudantes en la montaña de Greg LeMond, y en 1995, el año de su retirada en que militaba en el Polti italiano, rodó escapado junto a Miguel Indurain y Johan Bruyneel al inicio de aquel recordado ataque lanzado camino de la meta de Lieja.

Doce días y diez etapas después de aquel episodio belga, y justo veinticuatro horas más tarde del accidente mortal sufrido por Fabio Casartelli en el descenso del Portet d’Aspet, abandonó la carrera desmoralizado y exhausto a nivel físico, para semanas después, y sin volver a ponerse un dorsal, colgar definitivamente la bicicleta. Le siguieron a aquella trayectoria como corredor numerosas ocupaciones dentro del mismo mundillo.

Trabajó a nivel organizativo, periodístico y también ejerciendo un alto cargo en el equipo Cofidis, donde permaneció por espacio de ocho años. Se dice que fue el artífice de su resurrección tras la gran crisis vivida en 2004 de seguido a una investigación que, entre otros, afectó a siete corredores de su plantilla, de los que varios acabaron rindiendo cuentas en los tribunales.

Su fuero interno no pareció digerir nunca del todo el episodio del último Tour de Francia vivido como participante y cerrado en la falda este del Col de Marie- Blanque. Aquel día el pelotón homenajeó a pedales a su compañero fallecido con un interminable desfile de doscientos treinta kilómetros, rodados bajo el calor y con paso por varios puertos pirenaicos sin que se produjese movimiento alguno en cabeza.

Transcurridos treinta años, y tras reemprender la actividad deportiva a un nivel infinitamente menor con fines sólo recreativos, el año pasado brotaba en su cabeza la idea de completar esos kilómetros de las cuatro etapas y media que le quedaron pendientes hasta la llegada final a París. "Me dije a mí mismo que tenía sesenta y dos años y no debería esperar demasiado para intentarlo", afirmaba a principios del pasado mes de septiembre, momentos antes de arrancar su aventura.

El camino restante desde el Col de Marie-Blanque hasta Pau, primero, las jornadas de Burdeos, Limoges, la crono en la zona del Lago de Vassivière terminada muy lejos del tiempo límite -según contaba- y el final en París fueron cubiertas sucesivamente por Boyer y sus acompañantes, en total una decena, entre quienes se encontraban antiguos colegas de profesión y auxiliares junto a algún familiar, con quienes resultó más cómoda una ruta que inicialmente pensó realizar en solitario.

"De esa edición del Tour apenas guardaba recuerdos más allá del día de Lieja y de la victoria de Lance Armstrong en Limoges que vi en mi casa. Del resto, nada". Al final, en los Campos Elíseos, lágrimas de emoción de casi todos, y en el caso de nuestro protagonista, esa sensación añadida de cerrar definitivamente el círculo de su carrera deportiva, aunque fuera treinta años después.