Sergio Chumil: "Soy escalador de nacimiento; desde pequeño me han gustado las subidas"

El jovial ciclista del Burgos Burpellet BH abre camino a sus compatriotas mientras sueña con repetir victorias como la que consiguió el año pasado en O Gran Camiño, siempre con la idea en mente de llevar a Guatemala a lo más alto.

Ainara Hernando: Foto: Luis Ángel Gómez (Sprint Cycling Agency)

Sergio Chumil
Sergio Chumil

¿Cómo sale un ciclista de Guatemala? Empecé a pedalear desde muy pequeño. Vivía en una aldea, Tecpán, y allí estábamos acostumbrados a ir a los sitios en bici en lugar de caminando. Recuerdo que cogía la bicicleta de mi padre cuando llegaba por la tarde de trabajar y me iba a dar una vuelta con ella para estar con los amigos. Hacíamos carreras entre nosotros. Así me fui metiendo poco a poco en el mundillo. Luego me apunté a una escuela de ciclismo.

¿Recuerdas tu primera competición? Fue de mountain bike porque en mi país es más fácil tener una bici de montaña que una de carretera. Me apunté a una prueba que organizaban por el día del niño. Recuerdo terminar entre los cinco primeros, aunque no sé muy bien en qué lugar pero sí la sensación de que me gustó mucho aquello. La escuela ciclista me dio la oportunidad de poder correr en juveniles en ruta y me proporcionaron una bici de carretera, que no había montado hasta entonces en una. Me empezaron a llevar a las competiciones que hacían a nivel nacional.

¿Cómo llegó el salto a Europa? Gracias a esas carreras en las que participaba, me convocaron para la selección nacional en 2022 para disputar la Vuelta a Panamá. Allí estaba corriendo también el Aluminios Cortizo y uno de los técnicos de mi selección le dijo a uno de sus directores que tenía mucho potencial, que me diesen una oportunidad. Así me trajeron a España para probarme y empezó mi sueño. De no ser por ese momento, hubiese terminado corriendo en Guatemala y nunca podría haber sentido lo que estoy viviendo ahora.

¿Qué tal fue ese contraste de Guatemala con España? Me fui a Galicia a vivir, a Padrón. ¡Ahí sí que llueve! (ríe). Venía tan motivado que me importaba menos la lluvia, salía a entrenar igual porque me sentía feliz de estar aquí. Vine solo. Primero volé a Madrid y después a Bilbao. Allí me reuní con un amigo que me llevó hasta Santander para coger un tren hasta Galicia, donde el equipo me recogió y a los tres días ya tuve la primera carrera con el Cortizo. Gracias a ese amigo conocí Cantabria y me enamoré del lugar donde él vivía. Me dije a mí mismo que si me iba bien, me iba a establecer cerca de su casa porque me pareció precioso. Ese lugar era Colindres y es donde vivo ahora junto a mi esposa, que ya ha podido venir este año.

Y ya empezaste a competir en nuestro país. El cambio fue muy grande para mí, era un ciclismo completamente diferente en todo: la logística, las carreteras, la forma de correr... nada que ver con lo que yo estaba acostumbrado. Lo que más me sorprendió fue la cantidad de ciclistas que había. Venía de pelotones con 70 corredores máximo y aquí éramos el doble.

¿Qué tipo de ciclista eres? Escalador de nacimiento. Desde pequeño me han gustado las subidas, y poco a poco le estoy agarrando todavía más cariño a las montañas.

¿Cuál es el puerto más especial para ti? Sin duda, el Angliru. Tenía muchas ganas de subirlo y cumplí mi sueño el año pasado en La Vuelta. Aunque me hubiera gustado hacerlo mejor, ¡porque iba pasando miserias! Me pareció muy duro, mucho más de lo que pensaba. Cuando te enfrentas a un puerto así, la gente te habla de la dureza que tiene y siempre piensas que exageran. Pero en este caso, para nada. Cuando veía de lejos las pendientes creí que no iba a ser capaz de pasar por ahí con la bici. No he subido un puerto tan exigente como ese en mi vida. Se me hizo eterno. No me dio mucho tiempo a disfrutar, la verdad, porque sufrí muchísimo. Sólo miraba el Garmin y no paraba de pensar en llegar a falta de 200 metros para coronar y que se terminara aquello.

¿Qué tal se vive en Colindres? Muy bien, me encanta estar aquí. No me da demasiado tiempo a hacer turismo porque la prioridad son las carreras, pero disfruto entrenando por estos parajes. Suelo tirar hacia Alisas y Asón, una zona espectacular. También pedaleo bastante por la zona que linda con el País Vasco, todas las Encartaciones de Karrantza y Balmaseda. Es recóndito, muy duro y, a la vez, precioso.

Tres palabras que te definan como ciclista. Escalador, divertido y disfrutón.

¿Seguías el ciclismo en Guatemala cuando eras pequeño? No. Además en mi aldea tampoco tenía cómo poder verlo. Miraba la televisión, pero nada más allá de la Vuelta a Guatemala y las carreras de un día que se hacían a veces en mi país. Hasta los 17 o 18 años no empecé a seguir el ciclismo de Europa, cuando corrían los latinos. Rigo, Nairo... eran mis referentes. También me gustaba muchísimo ver a Contador.

¿Sientes que eres un pionero para tu país, que estás abriendo un camino para el ciclismo guatemalteco? Sí, y recién pasada la Vuelta a España aún más porque la mayoría miramos sólo al ciclismo nacional, sin ir más allá. Mi sueño era participar en la Vuelta a Guatemala, no pensaba poder lograr nada más, me parecía totalmente imposible y aquí estoy. Soy el único ciclista de mi país compitiendo en Europa y ojalá pueda ser un pionero. Me encantaría inspirar a los jóvenes y ser un puente para ellos.

Un sueño como ciclista. Volver a ganar. Ya lo hice el año pasado en O Gran Camiño y fue mi mejor día como ciclista. Estoy trabajando muchísimo para repetir algo así porque aquella sensación fue una locura, frente a un corredor del nivel de Derek Gee. De poder elegir me gustaría que fuese en una gran vuelta. Dejar en lo más alto mi nombre y el de Guatemala es lo más importante que puede alcanzar un deportista.

 

Sergio Chumil -en el podio de O Gran Camiño tras ganar la 4ª etapa- amplía su contrato con el Burgos Burpellet BH hasta 2027

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