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Con la llegada del otoño, la lluvia, las bajas temperaturas y los caminos húmedos empiezan a formar parte de los entrenamientos. Es también la época en la que las zapatillas con membrana Gore-Tex ganan protagonismo. Su objetivo es sencillo: mantener los pies secos cuando el agua amenaza con empapar el calzado.
Sin embargo, impermeable no significa necesariamente mejor para correr. Aunque estas zapatillas protegen frente al agua exterior, también tienen inconvenientes relacionados con la transpirabilidad, el peso o la evacuación de la humedad cuando el agua consigue entrar.
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Ventajas de correr con zapatillas con Gore-Tex
- Protección frente a la lluvia: impiden que el agua atraviese el material de la zapatilla y ayudan a mantener los pies secos durante más tiempo.
- Mayor confort con frío: reducir la humedad exterior puede mejorar la sensación térmica en los días de otoño e invierno.
- Útiles en terrenos húmedos: funcionan especialmente bien en hierba mojada, caminos con rocío y senderos con charcos poco profundos.
- Más comodidad en entrenamientos lluviosos: permiten salir a correr sin preocuparse tanto por acabar con los calcetines empapados.
Desventajas de las zapatillas impermeables
- Menor transpirabilidad: evacuan parte del vapor de agua, pero suelen ventilar menos que las zapatillas convencionales de malla abierta.
- Peor evacuación del agua: si el agua entra por el cuello de la zapatilla, puede quedar atrapada durante más tiempo.
- Más peso y rigidez: la membrana y los materiales asociados pueden añadir gramos y reducir la flexibilidad.
- Precio superior: las versiones impermeables suelen costar más que sus equivalentes sin membrana.
- El agarre no está garantizado: la impermeabilidad no mejora por sí misma la tracción sobre barro, roca mojada o superficies resbaladizas.
¿Cuándo merece la pena si corres en montaña?
En trail running, la elección depende del tipo de recorrido. Si corremos por senderos fríos y húmedos, con hierba mojada, rocío o lluvia persistente, una zapatilla con Gore-Tex puede ser una buena opción, especialmente si no tenemos que atravesar cursos de agua.
Sin embargo, si la ruta incluye arroyos, charcos profundos o zonas inundadas, el agua puede entrar por la abertura del tobillo y quedarse dentro, haciendo que una zapatilla convencional sea más práctica gracias a su mayor capacidad de drenaje y secado.
También hay que valorar la intensidad del entrenamiento: en recorridos exigentes, donde sudamos mucho, la menor ventilación puede convertirse en un inconveniente. Y si el terreno es técnico, el agarre de la suela debe ser prioritario, independientemente de que la zapatilla sea impermeable.
¿Y para correr por ciudad, caminos fáciles o una pista?
En entornos más controlados, las ventajas de la impermeabilidad pueden resultar más evidentes. Al correr por asfalto, parques o caminos compactos, es menos probable que el agua entre por la parte superior del calzado, por lo que la membrana puede cumplir mejor su función.
Para los rodajes suaves en días fríos y lluviosos, unas zapatillas impermeables pueden aportar comodidad y mantener los pies secos durante buena parte del entrenamiento. También son una alternativa interesante para quienes entrenan temprano, cuando la hierba y los caminos están cubiertos de rocío.
En cambio, para hacer series, cambios de ritmo o entrenamientos intensos, la ventilación, el peso y la respuesta suelen tener más importancia que la protección frente al agua. En una pista de atletismo, por ejemplo, la membrana difícilmente será una prioridad.
¿Merece la pena comprar unas zapatillas con Gore-Tex?
La respuesta depende de dónde y cómo entrenemos. Si corremos habitualmente en invierno, vivimos en una zona lluviosa o utilizamos caminos húmedos con frecuencia, pueden ser una buena inversión. Si entrenamos en climas suaves, sudamos mucho o practicamos trail por recorridos con numerosos cruces de agua, una zapatilla convencional puede resultar más cómoda.
Una buena solución para quienes corren durante todo el año es disponer de dos opciones: unas zapatillas transpirables para el día a día y otras impermeables para las jornadas frías y lluviosas.
Al final, no se trata de mantener los pies secos a toda costa, sino de elegir el calzado más adecuado para las condiciones en las que vamos a correr.
