Rafa Simón

Bryan Coquard, trece años para un instante

La trayectoria del velocista francés del Cofidis se podría explicar con mucha brevedad, como impregnada en un parpadeo de gloria. En este artículo repasamos su historia.

Rafa Simón

3 minutos

Bryan Coquard en el podio tras ganar la 8ª etapa de la pasada Vuelta a España. Foto: Luis Ángel Gómez (Sprint Cycling Agency)

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Fueron trece años enfrascados en una espera en la que nadie le había dicho si merecería la pena su paciencia. Fría y ajena a la notoriedad de los medios. Una espera íntima.

El pelotón ya circulaba estirado tras unos kilómetros de parón amparado en esa ley no escrita que abandera el respeto que se le debía a su gran patrón, Tadej Pogacar. El esloveno, ensangrentado y con el maillot rojo hecho jirones había tenido que abandonar por una dura caída, pero la etapa debía continuar.

Los ciclistas llegaban torturados por un ritmo, el del Visma, que parecía seguir confiando en una doble opción: la de Wout Van Aert si el último puerto se hacía lo suficientemente duro o, si no, en la punta de velocidad pura de Matthew Brennan, que hasta el momento había resultado imbatible en el resto de las llegadas masivas.

Los comentaristas de las diferentes televisiones comenzaban a aportar sus cábalas. No buscaron ser originales. Nadie dijo su nombre.

Coquard, a la derecha de la imagen, supera en un igualado final en Xeraco a Mads Pedersen y Jordi Meeus en la 8ª etapa de la pasada Vuelta a España. Foto: Sprint Cycling Agency

Si que lo nombraban mucho cuando, apenas comenzada su carrera, iniciada en pista, consiguió la medalla de plata olímpica en la prueba de ómnium en los Juegos Olímpico de Londres 2012. Un año después recaló en el profesionalismo de la mano del Team Europcar, donde conoció a Thomas Voeckler, un auténtico ídolo de masas, genio del timing de interacción con el aficionado galo pero, sobre todo, un verdadero capitán de ruta. Bryan acompañó sus enseñanzas con resultados. Era menudo, pero muy rápido. Capaz de aprovechar sus oportunidades cuando la carrera no era totalmente plana.

Nadie le apresuró a ganar en pruebas más importantes, simplemente su destreza le permitía rodearse de grandes gregarios. Pero, aunque no fuese su fuerte, algunas derrotas empezaban a escocer. Con sólo 23 años el poderoso Andre Greipel le arrebató la victoria en los Campos Elíseos. Quizás esa fue la más visual. La que más dolió le asignó otro verdugo alemán: Marcel Kittel. Aquel día Bryan estuvo muy cerca de la victoria. De haber ganado, su carrera hubiese tenido otra trayectoria, otro recorrido. El Tour es el Tour.

En cambio, alguien le calmó esgrimiendo que, a su edad, y con esa trayectoria, la victoria en una grande llegaría.

El velocista francés celebrando una de sus victorias con el Direct Energie, equipo en el que corrió en 2016 y 2017. 

Muchos años después, aquel tórrido día, todos aquellos comentaristas desplazados a La Vuelta describieron lo que veían. Un equipo, el Visma Lease a Bike, que tenía un doble juego imbatible. Otros confiaban en la fuerza de Mads Pedersen y, algún otro también daba oportunidades a Jordi Meeus, que había conseguido pasar la última cota.

Todos eran hombres fornidos, de gran envergadura. Pero de entre todos ellos, agazapado, cuando Alexis Renard no pudo asistirle más, apareció él. Llevado por su fiel instinto de pistard, anclado en la rueda de Meeus, decidió aliarse con su feeling, con el timing del zarpazo que nadie esperaba.

A apenas trescientos metros, una tremenda caída hizo que el pelotón parara ante una barrera natural de bicicletas y hombres malheridos, pareciendo querer ser testigo del sprint de los que sí habían podido salvar la caída, entre los que se encontraba él.

Llevaba trece años esperando esa señal. Ese adelantamiento certero hasta llegar a la altura de Meeus y de Pedersen. Sobre la línea de meta lanzó su bicicleta, casi oblicua, girando instantáneamente su cabeza buscando el orden de llegada, quizás abrumado por la situación, quizás escarmentado por tantos segundos puestos.

Bryan Coquard en una imagen de 2024. El francés suma 56 victorias como profesional. Foto: Sprint Cycling Agency

Eligió aquel día como el mejor de su carrera deportiva. Le tocó ser recordado apenas un instante, porque, aunque sólo en ese momento los locutores desempolvaron su nombre en su boca, tras terminar, la actualidad de nuevo giró hacia la desgraciada caída de Pogacar.

Bryan no echó de menos la atención mediática, no la necesitaba. Le esperaban los brazos extendidos de Alexis Renard, el primero que llegó a su encuentro, seguido minutos después por la alegría de todos aquellos coequipiers que, con un perfil más escalador, habían tenido que claudicar en su ayuda kilómetros antes.

Coquard es un tipo simple. Hoy viaja en un tren de forma anónima, recordando que lo celebró con una cerveza mientras sus compañeros tomaron champán. Nada ha cambiado. Cofidis, su actual equipo no le ha hecho mejor corredor, sólo más experimentado. 

Lo cierto es que gracias a esa victoria no ha terminado con una obsesión, pero sí con un objetivo necesario para un hombre rápido. Y, como buen deportista, detrás de ese objetivo vendrá otro aunque, este, será muy especial: Participar en los próximos Juegos Olímpicos de 2028. Será fácil adivinar en qué modalidad.

 

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