Quiero añadir gratis Ciclismo a fondo como fuente preferida de Google, para no perderme vuestras noticias.
La imagen resumió mejor que cualquier clasificación el tono de la jornada. La Volta seguía en marcha, sí, pero lo hacía envuelta en un silencio extraño, sin la ligereza habitual de un sábado grande de montaña y sin el NSN Development Team, el equipo de Tarling, en carrera. Antes de la salida se guardó un minuto de silencio por el joven corredor británico, fallecido el viernes durante la octava etapa, y el pelotón afrontó la penúltima jornada con esa mezcla tan difícil de asumir en el ciclismo: competir cuando todos preferirían no tener que hacerlo.
Deportivamente, la etapa tenía suficiente peso como para decidir una Volta. Eran 142,6 kilómetros entre Paredes y Mondim de Basto, con el final en la Senhora da Graça y una novedad que endurecía aún más el clásico guion portugués: el Alto de Carvalhais, primera categoría, con tramo de tierra antes de regresar hacia la subida final al santuario. Lameira abrió el encadenado, Carvalhais hizo la primera gran criba, Arco de Baúlhe colocó a cada uno en su sitio y la Senhora da Graça dictó sentencia.
Guérin no necesitaba ganar. Le bastaba con controlar a Nych, administrar el colchón que había construido desde su exhibición en Torre y no permitir que Adrià Pericas o Pedro Silva reabrieran una carrera que parecía inclinada hacia Anicolor. Pero el francés eligió otra cosa: ganar. Ganar el día del luto, ganar vestido de negro, ganar en la montaña donde más pesa la historia de la Volta.
La selección fue cayendo por acumulación, como suele ocurrir en esta carrera cuando la carretera empieza a mirar hacia arriba de verdad. En Carvalhais ya habían quedado pocos nombres con derecho a soñar con la etapa y con la general. Pedro Silva coronó entre los más fuertes y mantuvo vivo su pulso por el podio, Guérin y Nych seguían donde debían, José Neves se agarraba a su oportunidad y Pericas, que había llegado a esta penúltima etapa como tercero de la general, empezaba a perder pie en el peor día posible.
La subida final terminó de separar la carrera. Neves, siempre fiable en este terreno, entró con Guérin y Nych en la pelea directa por la etapa. Pedro Silva cedió en el último kilómetro y medio, cuando la diferencia con el trío cabecero todavía era corta pero la pendiente ya no regalaba nada. Neves tiró en cabeza, Nych vigiló y Guérin esperó hasta el momento justo. A 200 metros de meta, el líder arrancó. No fue un demarraje largo ni una exhibición como la de Torre; fue un gesto seco, suficiente para ganar la etapa y para convertir su maillot en una declaración.
José Neves entró segundo, a tres segundos, con Artem Nych tercero a nueve. Tiago Antunes fue cuarto a 46 segundos y Emanuel Duarte, quinto a 47. Pedro Silva acabó sexto a 59 segundos, Jokin Murguialday fue séptimo a 1:08 y Jesús del Pino, Keegan Swirbul y Rui Carvalho completaron los diez primeros. Pericas terminó 12º, a 3:31, un resultado que le aparta del podio provisional después de haber sido uno de los grandes agitadores de la carrera en la montaña.
En la general, Guérin sale de la Senhora da Graça con la Volta muy cerca. El francés aventaja en 1:02 a Artem Nych, su compañero en Anicolor/Campicarn y ganador de las dos últimas ediciones. Pedro Silva asciende al tercer puesto, a 4:30, con José Neves cuarto a 4:36 y Pericas quinto a 5:38. La carrera se cerrará este domingo con 124 kilómetros entre Maia y Porto, una última etapa que, salvo accidente o giro inesperado, debería servir para consagrar el dominio de Guérin.
La Volta a Portugal ha tenido muchas formas de resolverse en la Senhora da Graça. A veces con ataques lejanos, otras con desfallecimientos, otras con cambios de liderato en el último suspiro. Esta vez lo hizo con una escena más sobria y más dura: el líder de negro, el brazo al cielo y la montaña en silencio. Guérin ganó la etapa, reforzó el liderato y dejó la carrera vista para sentencia. Pero la jornada, por encima de todo, quedará marcada por la ausencia que acompañó al pelotón hasta la cima.
