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Enric Mas ya tiene su Vuelta

El mallorquín culmina en Granada la victoria más importante de su carrera y devuelve a España al trono de la ronda doce años después de Contador. Tobias Halland Johannessen ganó la última etapa y Pello Bilbao tuvo protagonismo en su despedida de la carrera

Ciclismoafondo.es. Fotos: Sprint Cycling

4 minutos

Enric Mas ya tiene su Vuelta

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Enric Mas cruzó Granada con el gesto de quien todavía está aprendiendo a creérselo. Había tenido la Vuelta cerca muchas veces. Había subido al podio, había escuchado dudas, había cargado con comparaciones incómodas y había vivido demasiados días importantes mirando a otro desde un escalón inferior. Esta vez no. Esta vez la carrera terminó con él de rojo, dueño de la general, ganador de su primera grande y primer español que conquista La Vuelta desde Alberto Contador en 2014.

La última etapa fue para Tobias Halland Johannessen, vencedor en una jornada final que no llegó a ser un simple paseo por Granada. La organización había decidido tomar los tiempos de la general en el último paso por meta, a 9,8 kilómetros de la llegada, por lo que la carrera tuvo dos desenlaces: uno para cerrar la Vuelta de Mas y otro para resolver la victoria parcial. En el primero no hubo sobresaltos. En el segundo, Johannessen remató una última oportunidad que mantuvo viva la tensión deportiva hasta el final.

Granada puso el escenario y la Alhambra el fondo. La etapa, de 112 kilómetros con salida y llegada en la ciudad, nació marcada por esa neutralización parcial que rebajaba el riesgo de que una caída, un corte o una avería alterasen la general en la última vuelta. No por eso desapareció la carrera. Antes del punto de toma de tiempos había que llegar entero, colocado y sin despistes. Después, quedaba todavía una etapa por ganar.

El día empezó con una carga emocional que iba más allá del maillot rojo. El pelotón rindió homenaje a varios corredores que están viviendo sus últimos pasos como profesionales o su última Vuelta: Jesús Herrada, Pello Bilbao, David de la Cruz, Steven Kruijswijk y Magnus Cort. Cinco ciclistas de largo recorrido, cinco nombres reconocibles de una generación que empieza a vaciar sitio en el pelotón. Hubo pasillo, aplausos y esa mezcla rara de fiesta y despedida que solo se entiende en el último día de una gran vuelta.

Pello Bilbao no se conformó con saludar desde dentro del grupo. El vizcaíno se dejó ver en la fuga del día, fiel a una manera de correr que le ha acompañado durante toda su carrera: atento, valiente, siempre dispuesto a dar sentido a una etapa aunque el guion invite a guardar la bicicleta hasta meta. No se llevó el premio grande, pero sí dejó una última imagen reconocible en La Vuelta. La de un corredor que se va compitiendo, no desfilando.

La jornada fue ganando nervio con los pasos por el circuito granadino. Movistar no necesitaba buscar la etapa, solo cerrar el trabajo de tres semanas. Enric Mas rodó protegido, sin gastar un gesto de más, rodeado por un equipo que había entendido perfectamente el valor del día. La carrera ya no pedía heroicidades; pedía atención. Y ahí el mallorquín no falló.

El tercer paso por meta, en el Paseo del Salón, dejó ver también que la etapa seguía teniendo hambre propia. Alessandro Romele se llevó los puntos del sprint intermedio por delante de Axel Laurance y Matthew Brennan, con Bastien Tronchon y Léo Bisiaux a continuación. Era la confirmación de que, mientras la general miraba el reloj de los 9,8 kilómetros, otros seguían pensando en el último golpe de la Vuelta.

Cuando el pelotón alcanzó el punto acordado para tomar los tiempos, Mas pudo empezar a respirar de verdad. La general quedaba sellada. Roglic, segundo, no había encontrado ya el margen para darle la vuelta a la carrera. Gall, tercero, tampoco pudo mover el podio en el último día. La foto final quedó con Mas en lo más alto, Roglic a 2:15 y Gall a 2:44. Un podio serio, de mucho peso, que da todavía más valor a la victoria del mallorquín.

A partir de ahí, la última vuelta quedó liberada de la presión de la general y reservada a la pelea por la etapa. Johannessen, que ya había sido protagonista en otros momentos de la carrera, encontró el hueco para cerrar La Vuelta con una victoria de prestigio. El noruego dio a Uno-X otro motivo para recordar una edición en la que el equipo ha corrido con ambición y sin complejos.

Pero el día, por encima de todo, era de Enric Mas. No ganó esta Vuelta por accidente ni por simple supervivencia. La ganó después de resistir el cambio de guion que supuso el abandono de Tadej Pogacar, de asumir el peso del maillot rojo y de superar los exámenes que siempre habían aparecido en su camino: la presión, la contrarreloj, la montaña final, Roglic, Gall y la sospecha permanente de si algún día podría cerrar una grande.

Lo hizo. En Aitana se vistió de candidato. En Jerez sostuvo el golpe de la crono. En Peñas Blancas no cedió. En el Collado del Alguacil respondió cuando más quemaba la carrera y dejó sentenciada la general en el último gran día de montaña. Granada solo tenía que ponerle ceremonia a lo que Mas se había ganado sobre la bicicleta.

Todo el Movistar celebrando el triunfo de Mas en Granada

La imagen final deja varias capas. Johannessen levantó los brazos como ganador de etapa. Pello Bilbao se despidió de La Vuelta dejando presencia en carrera. Herrada, De la Cruz, Kruijswijk y Cort recibieron el reconocimiento de un pelotón que sabe distinguir las carreras largas de los simples resultados. Y Enric Mas, por fin, subió al lugar que llevaba años persiguiendo.

El ciclismo español llevaba doce años esperando una Vuelta así. La encontró en Granada, bajo la Alhambra, con un corredor que quizá nunca ha sido el más ruidoso, pero que esta vez fue el más sólido. Enric Mas ya no acaricia La Vuelta. Enric Mas ya la tiene.

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