Rafa Simón

Kenny Molly, cuando el ciclismo fue justo

Sin saberlo, la decisión que iba a tomar su padre estuvo a punto de costarle su carrera. En este artículo repasamos la historia del ciclista belga del Van Rysel Roubaix.

Rafa Simón

3 minutos

Kenny Molly, en el podio del Gran Premio Castellón 2026. Foto: Miguel Ena (Sprint Cycling Agency)

Johan siempre se ocupó de que su hijo no se saturara de ciclismo. Por eso no le dejó competir hasta pasados unos años. Conocía muchos casos de adolescentes que prometían y que, empachados de kilómetros, acababan dejando la bici. Lo que nunca imaginó es que, su propia decisión personal, a punto estuvo de costar la carrera de Kenny.

Hace unas semanas, su hijo acertó con una arrancada. El momento preciso en el que una carrera francesa se detiene es muy difícil de identificar, pero él lo hizo. Por eso, a pesar de que su función es conseguir que sus compañeros consigan un buen resultado, esta vez la intuición le dijo que iba a ser su momento.

Apenas tres kilómetros después, elevó las manos, aun incrédulo de su hazaña en las calles de Kemzeke, una pequeña localidad belga que cerraba la semi-clásica de Omloop van het Waasland.

Al terminar, con infinita modestia, se sentó en una acera para esperar a sus compañeros, a la vieja usanza, sin más vigilancia que el cámara de Televisión que aun grababa sus jadeos y su auxiliar, mientras la mujer de su compañero Maxime Jarnet le pasaba su teléfono móvil. “He llamado a tu chica, la tienes al otro lado esperando con los niños”, le dijo.

Kenny Molly.entrevistado en la TV tras su victoria en la Omloop van het Waasland.

Su vida ha cambiado desde la llegada de su segundo hijo. Tiene otras prioridades que cumplir. Afortunadamente, su pareja se queda con los niños a cambio de no poder ir a verle correr tanto como quisiera.

Sin embargo, es feliz. Hace cuatro años su anterior equipo, el Bingoal Pauwels Sauces WB, de categoría UCI ProTeam, le contó dos cosas muy diferentes: La primera era que renovarían su contrato, que estaban contentos de cómo había corrido en las grandes citas del equipo, dándoles presencia en las fugas televisadas para la gran audiencia de las clásicas e incluso sumando importantes puestos de honor en carreras por etapas. En cambio, cuando su padre, que también formaba parte del equipo como auxiliar, dijo que se marchaba al Soudal Quick-Step para ejercer de nuevo sus antiguas funciones como ojeador de jóvenes talentos, el Mánager del equipo no lo aceptó y, como castigo, arrastró a su hijo en la decisión. Si se iba él, no renovarían a Kenny.

Con aquella rencorosa y tardía decisión, se arrugó. Pensó que debía dejar el ciclismo pero, tras disputar la última prueba de su calendario, la Paris Tours, el excorredor y amigo suyo, Nico Mattan, le dijo que conocía a Daniel Verbrackel, uno de los directores deportivos del equipo Van Rysel Roubaix, y que quizás habría una oportunidad. El martes siguiente viajó a la localidad francesa y, pocos días después, Verbrackel le llamó para decirle que sería uno de los suyos.

Kenny siempre dice que no hay mal que por bien no venga, que su padre tenía derecho a seguir desarrollando su habilidad para detectar talentos y que él, desde hace tres años, vuelve a ser feliz. Reconoce que sintió mucha incertidumbre cuando, tras el primer año, las caídas no le dejaron rendir y que, cuando GoSprot, el principal sponsor del equipo, anunció su partida, pensó que, esta vez sí, sería el final.

Foto: Xavier Pereyron (Sprint Cycling Agency)

Pero luego llegó Van Rysel, una marca potente que les ha dado los mismo medios que tenía en el Bingoal. Tienen material de primera calidad, un autobús y un camión. Reconoce que le encantaría ascender de categoría con ellos, ampliar el calendario y correr fuera de Francia.

Kenny es un tipo comunicativo, gracias a ello habla con fluidez el español, francés o inglés, además del flamenco, su lengua materna. Echa de menos conocer a gente de otros países, como cuando corría en el Bingoal. En Francia, la caravana es casi siempre la misma.

Pero, desde hace tiempo, las prioridades son otras. Su cara cambia cuando recuerda como, hace apenas un mes, iluminó la cara de sus hijos al otro lado del teléfono cuando les contó que había ganado su primera carrera. “Pero papá, ¿tú no tienes que ayudar a otros siempre?”, le preguntaron. “No siempre, el ciclismo a veces es justo y sabe repartir la gloria, les respondió.