Quiero añadir gratis Ciclismo a fondo como fuente preferida de Google, para no perderme vuestras noticias.
El ciclismo es un deporte que, si se lo propone, desafía la lógica geográfica. Clément Alleno a veces se lo plantea. Acostado sobre una cama de un hotel en Xining, una ciudad China reposada sobre la antigua ruta de la seda donde el comercio se dirigía hacia el Tibet, no puede evitar pensar qué hace allí.
Hace cuatro años, aquel viaje, en el seno de aquel equipo, no estaba en sus planes. De hecho, ni siquiera ser ciclista era una prioridad. A él le gustaba el fútbol, hasta que se cansó y decidió probar con otros deportes, iniciándose en el tiro al arco y el ping pong. Pero su hermano Thomas, mayor que él, hacía ciclismo. Le encantaba ir a verle a las carreras, observar su cara de satisfacción cuando llegaba victorioso a la meta. Él quería saber lo que era eso así que, un año después, decidió seguir sus pasos.
Su realidad en cambio, fue otra. Al principio, incluso le costaba seguir el ritmo del pelotón. Pero el mundillo le gustaba, así que, tras finalizar sus estudios básicos consiguió un trabajo a tiempo parcial en la tienda de bicis de Saint Brieuc, ubicada en un rinconcito de su Bretaña natal.
Tras terminar sus estudios complementarios en mecánica de bicicletas, decidió volver a aquel taller mientras forjaba su porvenir ciclista como amateur, aunque sus entrenamientos estaban muy condicionados por el horario de la tienda de modo que, entre semana, debía conformarse con salir en las dos horas de descanso que tenía para comer.
Pronto sus resultados comenzaron a ser prometedores. Clément deseaba que algún equipo francés se interesara por él pero la llamada, aunque su interlocutor si lo fuera, venía de parte de otra estructura interesada.
“Clément, soy Damien García, Director deportivo del Burgos”, escuchó al otro lado con sorpresa. Damien le contó que había seguido sus pasos y que contaba con el apoyo del equipo español para ficharle. Clément se asustó. Que pintaba él en un equipo español si ni siquiera había salido de su país. Pero reunió el coraje suficiente para dar el paso y situarse en la puerta de aquel hotel que el equipo tenía en la capital burgalesa. Ese día, en aquella comida, no entendió una sola palabra de lo que aquellos ciclistas españoles decían pero, entre Damien y Cyril Barthe, el otro francés del equipo, consiguieron integrarle poco a poco.
Casi cuatro años después de aquel momento, su trayectoria sigue por el camino establecido. Empezó pasando por las fugas hasta llegar a lo que se esperaba de él: la capacidad de conseguir resultados a nivel personal, de ser capaz de asumir, poco a poco, parte del liderazgo del equipo.
En algún momento llegó a serlo de manera prematura, tan sólo en su debut consiguió un tercer puesto en una de las etapas de la Tropicale Amissa Bongo. Dos años después, China le regaló su, hasta el momento, única victoria, en el Tour del Mentongou.
Sin embargo, Clement ha llegado a pelearse con grandes nombres del pelotón. Con orgullo recuerda el quinto puesto conseguido en la Clásica de Ordizia 2025, donde se batió con el UAE al completo. También ha estado en la fuga buena de una Lieja-Bastoña-Lieja, donde, durante más de 100 kilómetros, pedaleó frente a la autoridad de los grandes favoritos de la carrera.
Xining es árida, fría. Tan alejada del calor que asola Europa. El ciclismo le ha llevado allí. A veces, embotado en sus pensamientos, resulta inevitable pensar lo que hace frente a esa televisión, sobre aquella cama de hotel. Francia hoy está centrada en su carrera, en Paul Seixas, su nueva esperanza. Clément también sueña con correr algún día la gran prueba de su país. Pero no tiene prisa, sus sueños se contruyen poco a poco y, de momento, ya ha conseguido comprarse una casa al lado de la de sus padres. Se lo ha dado el ciclismo, pero, sobre todo, el haber vencido los miedos a correr fuera de su país, aceptando la propuesta de aquella extraña llamada.
