Alexis habla sin remordimientos. Sin hacerse preguntas. Sin aplicar ese condicional que a veces acude para atormentarnos ante una indecisión que generó no dar un paso. Lo cierto es que, superada con creces la treintena, el ciclismo le sigue tratando bien y ahora, es el pelotón portugués el que le respeta.
Los ciclistas suelen decir que llevan una vida entera dando pedales, la suya, se reduciría a la mitad. Empezó tarde, con 16 años. Nadie en su familia le empujó, tampoco tuvo un ídolo a quién imitar. Simplemente, un amigo suyo le contagió su pasión por el ciclismo. Sin embargo, la decisión definitiva la tomó cuando Robert Lauley, Presidente del Club Ciclista Rauzan, consiguió tras múltiples intentos que definitivamente sus pedaladas tuvieran un dorsal.
Apenas seis meses después, ya formaba parte de un Centro de Alto Rendimiento francés, donde compaginaba estudios con su formación deportiva para, posteriormente, empezar a resultar apetecible a los buscadores de talentos. Así, llegó a formar parte de diversos equipos de formación de escuadras del World Tour. El primero fue la Français des Jeux y el segundo, donde estuvo dos años, el del Etixx Quick Step (actual Soudal Quick-Step). Cada año se repetía el proceso: se sentía como un extraño ante chicos venidos de toda Europa que desbordaban talento y años encima de la bicicleta. En su día a día, él percibía que siempre había algo que aprender, alguien en quien fijarse hasta que el ciclismo profesional decidiera llamar a su puerta que, de momento, se abría con la lentitud que su cuerpo le pedía.
A los 25 años el Delko Marseille, equipo francés de categoría Procontinental, se convirtió en su primera aventura de envergadura en el ciclismo profesional. Aunque duró dos años, la experiencia no consiguió lo más importante, conseguir que Alexis supiera qué tipo de corredor era y qué carreras le convenían. A cambio, su carácter le habló varias veces en primera persona: “Si ataco aquí gano la carrera”, se apostó con un compañero. “¿A qué esperas entonces?”, le respondió este. Llevaba una semana entera hablando de aquel Memorial Pantani. Sentía que estaba en buena forma y que podía adaptarse a él. A su compañero no le dio tiempo a terminar la frase. A falta de 25 kilómetros se lanzó en post de un triunfo que le fue arrebatado a sólo 15 metros de la llegada.
Aquella formación francesa nunca confió realmente en él. Aquel proceso se repitió en la edición de 2019 de la CRO Race. Al margen del staff, un compañero le animó. “Juega tu carta, estate tranquilo que voy a ayudarte”, le dijo. Además, dentro del pelotón, corredores reputados como Pierre Roland sabían de su nivel. Fueron apoyos suficientes para conseguir, ante la atónita mirada de los directos deportivos, una digna sexta posición en la Clasificación General final.
Alexis decidió ser razonable consigo mismo. De nada valía seguir en aquel equipo, necesitaba un cambio de aires, otro proyecto que realmente supiera identificar qué tipo de corredor era y le ofreciera un calendario más adecuado. La solución la encontró en Austria a través del Team Vorarlberg, de categoría Continental. Durante aquel periodo recuperó la alegría. Sentía que confiaban en él, que le ayudaban a crecer como ciclista, lo que sirvió para que después de tres años de nuevo un equipo Procontinental, esta vez el Bingoal WB, se fijara en él.
Gracias al equipo belga conoció carreras prestigiosas como la Flecha Valona, aunque la que más le marcó fue el Tour de Flandes. No era la que mejor se adaptaba a sus condiciones, pero pedalear entre un baile de banderas, aficionados enfervorizados y adoquines quizás fue la mayor sensación de ciclismo que ha sentido en su cuerpo. En cambio, la que le hace sentir más orgulloso fue la Semana Coppi Bartali y aquella galopada gloriosa de 105 kilómetros en solitario ante equipos del World Tour que derivó en la victoria que recuerda con mayor orgullo.
Lo que quizás no imaginaba es que su futuro le reservaba un lugar totalmente alejado de allí. Tras un año en el continental Philippe Wagner belga, las repetidas solicitudes del ciclismo portugués acabaron por convencerle. Le atraía el calendario luso, las numerosas llegadas en alto en carreras desordenadas, tan adaptadas a su perfil de escalador. Además, la Volta a Portugal le seducía, allí donde todo un país se echa a las cunetas en las tórridas tardes de agosto.
El equipo elegido fue el Anicolor y el asalto a la Grandissima fue en 2025, cuando él (2º) y su compañero Artem Nych (1º) hicieron doblete en el podio final.
Un año después de todo aquello, Alexis no se lamenta de aquella decisión. Siente el respeto del pelotón portugués, la cultura del país le gusta y, poco a poco, sus conocimientos de español le han ayudado a comprender mejor el idioma.
Aun así, es inevitable pensar que otro mes de julio todas las miradas volverán a estar posadas sobre el Tour de Francia. Negar que le gustaría disputar uno sería mentirse. A cambio, sabe que se ha construido a si mismo, y que ningún equipo francés le dio la oportunidad de dar todo lo que ha aprendido de forma autónoma. Si eso ocurriera, si un proyecto estable tocara a su puerta, no se lo pensaría. Hasta entonces el abrazo portugués, pintado en respeto por el ciclista que es ahora, le seguirá agradando.
