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Giancarlo Ferretti protagonizó una larga carrera en este deporte, al que se dedicó primero como ciclista y después al volante del coche como director deportivo.
Con los años fue conocido como ‘Sargento de hierro’, apodo que revelaba su carácter exigente, directo y riguroso, pero también capaz de entablar relaciones con muchos de sus corredores que estaban destinadas a perdurar mucho más allá del final de sus trayectorias deportivas.
Nacido en Lugo, Romagna, el 9 de agosto de 1941 , Ferretti conoció el ciclismo como corredor en la década de 1960, vistió las camisetas de Legnano, Sanson y Salvarani, convirtiéndose ante todo en un valioso gregario y uno de los compañeros de confianza de Felice Gimondi.
Tras finalizar su etapa sobre la bici pasó a ser director depotivo, ganándose muy pronto un nombre por su carácter. No le gustaban las medias tintas y exigía disciplina, profesionalismo y respeto por el trabajo
Desde Bianchi hasta Ariostea, pasando por GB-MG, MG Maglificio y Riso Scotti, el técnico italiano trabajó con diferentes generaciones de campeones, entre quienes se encuentran destacados nombres de la historia reciente del ciclismo como Moreno Argentin, Gianni Bugno, Michele Bartoli, Davide Cassani, Giorgio Furlan, Rolf Sorensen, Ivan Basso, Alessandro Petacchi, Fabian Cancellara, Juan Antonio Flecha o Filippo Pozzato, por nombrar sólo algunos.
Para muchos, la gran obra de Ferretti al volante fue el Fassa Bortolo, un equipo activo entre 2000 y 2005, que se convirtió bajo su dirección en uno de los más fuertes y reconocibles del ciclismo mundial, con más de 200 victorias en sus 6 años de actividad y convertido en uno de los símbolos de la última gran época de equipos italianos, capaces de dominar la escena internacional.
Cuando el patrocinador abandonó el ciclismo a finales de 2005, la larga trayectoria de Ferretti también llegaba a su fin
Le siguió un fallido intento de sacar adelante otro equipo de primer nivel de la mano de Sony Ericsson, pero el contacto con la empresa resultó ser un impostor que en pleno mes de octubre acabó dejando a él y a sus corredores en la estacada y sin margen de maniobra.
