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Tom Pidcock encontró en Andorra el día que buscaba antes del Tour. Después de cambiar su calendario por culpa de un proceso vírico que le dejó fuera del Tour de Suiza, el británico volvió a ponerse un dorsal en la Andorra MoraBanc Clàssica y salió de allí con una victoria de las que encajan bien en su forma de correr: montaña, nervio, técnica y un final resuelto en pocos metros, sin margen para dudar.
La segunda edición de la prueba andorrana volvió a comprimir mucha dureza en muy pocos kilómetros. Fueron 125 kilómetros íntegramente por el Principado, con salida en Andorra la Vella, paso por todas las parroquias y final en el Coll de la Botella, en La Massana. Un recorrido corto solo sobre el papel, porque los 3.780 metros de desnivel, el Port d’Envalira, el Coll d’Ordino, el tramo de Pardines y la subida final dejaron la carrera en manos de los escaladores desde mucho antes de la meta.
No era una clásica para esperar sentado. El terreno fue limpiando el grupo hasta dejar delante a los corredores llamados a jugarse la victoria. Visma-Lease a Bike tenía a Sepp Kuss y Ben Tulett; Pinarello Q36.5, a Pidcock y Chris Harper; Lidl-Trek, a un Carlos Verona que corría en una cita muy especial para él, por lo que tiene de proyecto propio y de carrera de casa adoptiva. También aguantaban nombres como Simon Carr, Jokin Murguialday o Ion Izagirre, aunque el desenlace quedó reservado para un grupo cada vez más reducido en la parte alta del Coll de la Botella.
Kuss fue el primero en romper de verdad el equilibrio. El estadounidense arrancó a falta de 1,4 kilómetros, justo cuando Tulett empezaba a perder contacto, y durante unos instantes pareció que podía repetir una de esas victorias de escalador puro que tantas veces ha firmado en jornadas de gran montaña. Pero Pidcock no se descompuso. Con Harper todavía cerca, el británico cerró el hueco dentro del último kilómetro y volvió a entrar en la pelea cuando la carrera ya estaba en carne viva.
El final tuvo de todo. Harper tiró en los últimos metros, Pidcock cometió un pequeño error a medio kilómetro de meta, Kuss trató de sostener el pulso y Verona eligió bien el momento para abrir el sprint. El madrileño lanzó desde lejos, buscando sorprender y hacer valer una llegada que conocía mejor que nadie, pero Pidcock respondió con la explosividad justa para pasar primero bajo la pancarta del Coll de la Botella.
Pidcock ganó con un tiempo de 3:42:25. Verona entró segundo a dos segundos, con Kuss tercero a diez. Harper fue cuarto a once segundos y Tulett quinto a trece, completando un top-5 de mucho nivel. Por detrás, Simon Carr y Jokin Murguialday terminaron sexto y séptimo a 1:08, Julien Bernard fue octavo, Ion Izagirre noveno y Toms Skujiņš cerró las diez primeras posiciones.
Para Pidcock, la victoria supone algo más que un buen resultado en una clásica de montaña. Es una señal útil después de unos días raros, un golpe de confianza antes de julio y una manera muy suya de volver a escena: sin demasiado rodaje reciente, pero con la chispa intacta cuando la carrera se empina y se decide en un palmo. Para Verona, segundo, queda la mezcla de orgullo y rabia de quien estuvo muy cerca de ganar una prueba que lleva su huella desde el primer día. Andorra volvió a tener una carrera exigente, bien situada en el calendario y con un final de los que ayudan a construir identidad. Y esta vez, en el Coll de la Botella, mandó Pidcock.
CLASIFICACIONES
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