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Landa regresará al equipo en el que empezó a hacerse ciclista profesional. Primero pasó por el Orbea, entre 2009 y 2010, y después por el Euskaltel-Euskadi, entre 2011 y 2013, cuando la formación naranja todavía era una de las referencias emocionales del pelotón. Luego llegó su recorrido por el WorldTour: Astana, Sky, Movistar, Bahrain y Soudal Quick-Step.
La noticia no se queda en el efecto sentimental, aunque lo tiene y mucho. Para el Euskaltel-Euskadi supone incorporar a un corredor capaz de dar otro peso al equipo en el calendario. Landa ha peleado podios en el Giro, puestos de privilegio en el Tour y generales en las grandes vueltas. Y, además, arrastra una conexión con la afición vasca que muy pocos corredores mantienen después de tantos años fuera.
“Para mí, volver a formar parte del Euskaltel-Euskadi, vestirme de nuevo con el maillot naranja y reencontrarme con la Fundación significa cerrar un ciclo”, ha explicado el propio Landa. “Me hice profesional gracias a esta estructura y regresar aquí en mi etapa de madurez es algo francamente significativo a nivel personal”.
El de Murgia no volverá como figura decorativa. Lo hará como jefe de filas de un equipo que quiere crecer, sumar puntos UCI y tener acceso a un calendario más potente. La apuesta es clara: aprovechar la experiencia de Landa, su tirón y su nivel competitivo para colocar al Euskaltel-Euskadi en un escalón superior.
A Landa no le hace falta demasiada presentación. En el Giro ha subido dos veces al podio, tercero en 2015 y 2022, y también ha dejado su huella en el Tour, donde fue cuarto en 2017 y 2020 y quinto en 2024. En La Vuelta terminó quinto en 2023. A esas generales añade tres etapas en la carrera rosa, una en la ronda española, dos victorias en la Vuelta a Burgos y podios en pruebas de peso como la Itzulia, la Tirreno-Adriático, la Flecha Valona o Il Lombardia.
“Vengo con muchísima ilusión y ganas de aportar al proyecto deportivo”, ha añadido Landa. “Siento que aún tengo las fuerzas y la experiencia necesarias para alcanzar grandes resultados y hacer disfrutar a la afición”. El objetivo, según el corredor, será que la Marea Naranja vuelva a vibrar en la carretera.
El regreso tiene también una lectura interna para la Fundación Euskadi. Landa no solo salió de allí como profesional. En 2017, cuando la estructura atravesaba una situación complicada, fue una de las personas clave en su continuidad. Ahora vuelve con otro papel, ya no como promesa ni como salvavidas, sino como referencia deportiva.
Iñaki Isasi, presidente de la Fundación Euskadi, ha puesto el acento precisamente en ese vínculo. “Mikel no solo es un referente deportivo global, sino un pilar sobre el que se asienta el alma de esta Fundación, a la que ya salvó en un momento crucial”, ha señalado. Su llegada, ha añadido, “reafirma la solidez” del proyecto impulsado junto a Euskaltel, Kutxabank y Basque Country.
En el equipo también leen el fichaje como un salto competitivo. “Deportivamente, contar con Mikel Landa nos sitúa en una nueva dimensión”, ha valorado Jorge Azanza, responsable deportivo del Euskaltel-Euskadi. “Tener como jefe de filas a un ciclista con su experiencia y capacidad para pelear con los mejores del mundo nos permite encarar los máximos objetivos con una ambición real”.
La presidenta de Euskaltel, Luz Usamentiaga, habló de una vuelta “a la que fue su casa” y del orgullo de ver al alavés cerrar su carrera ligado de nuevo al ciclismo vasco. El equipo, además, enmarca su fichaje dentro de una construcción más amplia, en la que ya figuran las incorporaciones de Hodei Muñoz, Marco Martín y Felipe Orts.
Falta todavía para ver a Landa otra vez de naranja. Pero el anuncio ya tiene un impacto inmediato: el Euskaltel-Euskadi recupera un líder, la Fundación Euskadi recupera a uno de sus nombres más importantes y la afición vasca recupera una imagen que llevaba años esperando.
