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La Pandera no entrega victorias limpias. Las mastica. Las dobla. Las deja a medio camino entre la euforia y la agonía. Brenner la ganó así, sin una exhibición lineal, sino con la resistencia de quien parece fuera de sitio y vuelve, de quien se queda y se rehace, de quien alcanza la cima con el punto justo de piernas cuando la carrera ya había consumido a casi todos.
La etapa salió de Jaén sin apenas terreno para respirar y terminó convertida en una pelea de fondo mucho antes de que apareciera la última subida. La fuga del día fue una de esas escapadas masivas que no son una concesión del pelotón, sino casi una carrera paralela. Allí viajaban nombres de mucho peso para una etapa de montaña: Buitrago, Iván Sosa, Cristian Rodríguez, Filippo Zana, Valentin Paret-Peintre, Clément Berthet, João Almeida, Raúl García Pierna, Pablo Castrillo y el propio Brenner, entre otros.
Durante muchos kilómetros, Kevin Vermaerke fue el hombre que quiso romper el guion desde lejos. El estadounidense abrió camino en solitario, pasó por delante en el tramo intermedio y llevó la etapa a un punto de tensión permanente. Por detrás, la fuga se fue seleccionando a golpes, sin necesidad de que La Pandera hubiera enseñado todavía los dientes. Los Villares y Locubín habían servido de desgaste; el muro de Valdepeñas de Jaén y la ascensión final iban a dictar sentencia.
En la subida decisiva, la carrera cambió varias veces de dueño. Georg Steinhauser atrapó a Vermaerke, Guillaume Martin se movió, y Mario Aparicio se ganó unos minutos de protagonismo enorme cuando lanzó su apuesta en solitario. El corredor del Burgos Burpellet BH parecía haber encontrado el hueco bueno, con una ventaja suficiente para soñar y una carretera por delante cada vez más estrecha. Pero La Pandera no perdona los sueños que llegan con las piernas justas.
Buitrago apareció entonces con la autoridad de los escaladores que huelen la meta. El colombiano enlazó con la cabeza, dejó atrás a Aparicio y durante un instante pareció tener la etapa en la mano. Brenner, sin embargo, no se terminó de ir nunca. Cedió, volvió, resistió el cambio de ritmo y encontró en los últimos metros lo que ya no tenía nadie: una arrancada mínima, el margen exacto, ese segundo que separa una gran persecución de una victoria.
El alemán, ganador este año del Tour de Pologne, suma así un triunfo de mucho peso en La Vuelta, en una cima con historia y después de una jornada que premió más la insistencia que la superioridad evidente. Buitrago fue segundo, con la sensación de haberlo tenido cerca, y Cristian Rodríguez completó el podio de la etapa tras otra actuación sólida desde la fuga.
Por detrás, la general también se movió. Movistar endureció la aproximación y Enric Mas volvió a correr como líder activo, no solo como hombre a la defensiva. Iván Romeo hizo daño en el grupo de favoritos antes de que el balear cambiara el ritmo en la parte final. No fue un ataque de fuegos artificiales, pero sí un golpe seco, de esos que pesan más en la clasificación que en la imagen.
Felix Gall aguantó con Mas, mientras Roglic volvió a ceder. El esloveno perdió 25 segundos respecto al maillot rojo en una subida donde necesitaba al menos no mostrar grietas. Carapaz también se dejó tiempo, aún más que Roglic, en otra jornada que refuerza a Mas en el liderato y deja la sensación de que La Vuelta empieza a castigar a quienes calculan demasiado.
La Pandera dejó un ganador inesperado solo a medias. Brenner ya venía de firmar una temporada de crecimiento, pero aquí añadió una victoria con carácter, de las que no se explican solo por el resultado. La ganó cuando parecía que la había perdido. Y Mas, sin levantar los brazos, volvió a salir de una cima más líder que antes.
CLASIFICACIONES
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