La Cerdanya vivió ayer uno de esos días en los que el cicloturismo se parece mucho al ciclismo que se ve por televisión, aunque sin clasificaciones, sin presión por el resultado y con otra manera de medir la épica. La Alpinum TotalEnergies celebró su tercera edición con salida y llegada en Alp, en el corazón del Pirineo catalán, y reunió a unos 1.200 participantes en una jornada marcada por el ambiente del Tour de Francia, que apenas dos días después rodará por parte de esas mismas carreteras camino de Les Angles.
La coincidencia no era menor. La tercera etapa del Tour de Francia 2026, entre Granollers y Les Angles, pasará por la Collada de Toses y el Col du Calvaire, dos ascensiones también ligadas al territorio Alpinum. Para muchos participantes, la marcha fue algo más que una cicloturista de alta montaña: fue la posibilidad de anticiparse al pelotón profesional, de leer las rampas antes que Pogacar, Vingegaard y compañía, y de sentir en primera persona el tipo de terreno que puede empezar a ordenar la general de un Tour que ha arrancado en Barcelona con mucha ambición.
El escenario ayudaba. La Alpinum TotalEnergies recorre algunos de los paisajes más reconocibles de la Cerdanya catalana y francesa, con carreteras secundarias, valles abiertos, puertos largos y ese silencio de alta montaña que solo se rompe con el paso de las ruedas, los cambios de desarrollo y el murmullo de los grupos. La prueba, heredera de la Alp Cerdanya Cycle Tour nacida en 2016, se ha consolidado como una de las marchas más singulares del calendario por su mezcla de dureza, belleza y vocación internacional.
La jornada ofrecía tres recorridos para distintos perfiles de ciclista: Sport, Medial y Endurance. La opción más larga se iba hasta los 185 kilómetros y 3.635 metros de desnivel positivo, con cuatro puertos como grandes argumentos: Col du Calvaire, Col de la Llose, Col de la Creu y Collada de Toses. La distancia intermedia, de 145 kilómetros y 2.673 metros de desnivel, enlazaba tres ascensiones principales; y la corta, de 89 kilómetros y 1.267 metros de desnivel, permitía vivir la experiencia Alpinum con el Col du Calvaire como referencia principal.
No era una carrera, y conviene subrayarlo. La Alpinum TotalEnergies mantiene el espíritu de marcha cicloturista no competitiva, de esas en las que cada participante se enfrenta al recorrido a su ritmo y donde el valor no está en llegar antes, sino en llegar bien, con la sensación de haber completado un viaje exigente por un territorio privilegiado. Aun así, basta ver el perfil para entender que aquí no se regala nada. La Cerdanya es amable en la postal, pero severa en la bicicleta.
El atractivo deportivo de la marcha se vio reforzado por la presencia de tres nombres con peso propio. Sylvain Chavanel, uno de los ciclistas franceses más reconocibles de las dos últimas décadas y poseedor del récord de participaciones en el Tour de Francia, volvió a dar lustre a una prueba que encaja bien con su historia. También estuvo Roberto Heras, cuatro veces ganador de la Vuelta a España y embajador de la marcha, que repitió en unas carreteras que conoce bien y que siempre ha elogiado por su belleza y exigencia.
Junto a ellos, la presencia de Álex Roca aportó una dimensión distinta, más humana que deportiva, aunque en su caso ambas cosas van siempre juntas. El barcelonés, con parálisis cerebral y un 76% de discapacidad física, ha hecho de la bicicleta y de los retos de resistencia una forma de romper prejuicios. Su participación volvió a recordar que una marcha cicloturista no se explica solo por kilómetros y desnivel, sino también por las historias que se cruzan en la salida, en los avituallamientos y en la meta.
La edición de este año tuvo además un punto especial por el contexto. Barcelona ha acogido la salida del Tour y el Pirineo catalán se ha vestido de amarillo antes incluso de que la carrera entre de lleno en Francia. La Alpinum se coló en ese clima como una celebración cicloturista del territorio: el sábado pedalearon los aficionados; el lunes lo harán los profesionales. Misma montaña, otro ritmo, otro silencio, otra manera de sufrir.
La organización había preparado también un fin de semana con mirada larga hacia la Grande Boucle, incluyendo la posibilidad de vivir el paso del Tour desde la Collada de Toses. Para los participantes que decidieron quedarse en la zona, la experiencia no termina con la llegada a Alp. La marcha ha funcionado este año como antesala de una etapa de Tour y como invitación a mirar el ciclismo desde la cuneta después de haberlo sentido antes desde dentro.
La Alpinum TotalEnergies salió reforzada de una edición que confirmó su crecimiento y su atractivo. Por recorrido, por ambiente y por nombres, la marcha ha encontrado un sitio propio en el calendario cicloturista: no necesita competir con nadie, porque su propuesta es clara. Subir puertos de verdad, cruzar dos vertientes de la Cerdanya, tocar territorio francés y volver a Alp con la fatiga justa para entender por qué estas carreteras también seducen al Tour.
Ayer no hubo maillots ni podios que recordar. Hubo algo más sencillo y, en cierto modo, más puro: 1.200 ciclistas pedaleando por carreteras de Tour antes de que llegue el Tour.
