A principios del mes de junio, la prensa ciclista se hizo eco del fallecimiento de Andy Bishop, antiguo profesional estadounidense que compitió seis temporadas en conjuntos de primer nivel como PDM, 7-Eleven y Motorola, y que posteriormente prolongaría su carrera en la escena local de su país, primero, para abrirse paso después en la entonces incipiente disciplina del mountain bike. Allí, formando parte del equipo Gary Fisher, coincidió con destacados nombres de la especialidad que después brillaron en la ruta como Ryder Hesjedal o Michael Rasmussen.
Con abundantes presencias en Giro de Italia, Tour de Francia, mundiales y cuatro de los cinco monumentos, Bishop se labraría su palmarés en pruebas de calendarios alejados de la ortodoxia de su época. La general del SunTour australiano, junto a etapas de esa misma carrera, de la Vuelta a México o del archirememorado Tour de Trump, en su última edición bajo el nombre del mandatario estadounidense, fueron los éxitos más reseñables de una trayectoria en la que no consiguió ganar en Europa. Se quedó a las puertas de hacerlo en una edición de la 'carrera de las uvas', la Druivenkoers Overijse, donde sólo el ruso Viatcheslav Ekimov fue más rápido que él, relegándole a la segunda posición.
Retirado del ciclismo de competición, viviría una intensa y variada trayectoria profesional como fruto de su también rico aprendizaje labrado a la vez que era ciclista. Graduado en Ingeniería, Ciencias y Filología Rusa, desempeñó trabajos en campos tan diversos como la enseñanza, la fotografía o el deporte, poniéndose al servicio como entrenador tanto de esquiadores nórdicos como de especialistas, igual que él, en el ciclismo de montaña.
Pero, más allá de sus habilidades deportivas, de ser uno de los escasos pelirrojos que ha habido en el pelotón profesional o incluso de su confesión sobre las prácticas médicas de su primer equipo en Europa, muchos le recordarán para siempre por una anécdota protagonizada por Lance Armstrong durante sus primeros meses en la máxima categoría. Ocurrió en 1993, cuando ambos compartían equipo en las filas del Motorola.
El episodio tuvo lugar en el Tour del Mediterráneo cuando el tejano, recién llegado al pelotón y todavía poco dado a respetar galones y códigos, desafió a Moreno Argentin. Tras abrirse paso a codazos y empujones, se colocó junto al italiano, que le preguntó: "¿Qué haces aquí, Bishop?", confundiéndolo con nuestro protagonista. Armstrong le respondió con un "¡Que te den, Chiappucci!", provocando la indignación y la ira del triple vencedor de la Lieja- Bastoña-Lieja.
Días después, en el Trofeo Laigueglia, ambos volvieron a verse las caras mientras se disputaban la victoria. Argentin, convencido de que no podría batir al ciclista estadounidense y decidido a evitar coincidir con él en el podio y saludarle, frenó descaradamente en los últimos metros de carrera para ceder las posiciones de honor a sus dos compañeros de fuga, Della Santa y el venezolano Leonardo Sierra. Bishop, por cierto, no estuvo nada mal y terminó octavo ese día, culminando una de sus mejores actuaciones en suelo europeo. Descanse en paz.
