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CICLISMO SIN ÍDOLOS. Con siete u ocho años conseguí convencer a mis padres para que me apuntaran al equipo del pueblo, el Club Ciclista Burunda. Como todos los niños, al principio lo veía como un juego. Hasta que fui pasando categorías y se acabó convirtiendo en mi modo de vida. Nunca he sido de tener muchos ídolos, de hecho no destacaría ninguno en especial.
ONE CLUB MAN. Creo que soy un hombre de un único club. Realmente solo he estado en dos: desde pequeño y hasta juveniles en el C.C. Burunda y de ahí pasé a la Fundación Euskadi con el Laboral Kutxa en aficionados y Euskaltel- Euskadi en profesionales. Son mis dos equipos de casa, que es realmente como me siento corriendo aquí.
AL TERCERO FUE LA VENCIDA. En mi segundo año de amateur probé un verano como stagiaire en Euskaltel-Euskadi. En el tercero, de nuevo con el Laboral Kutxa, me salió todo muy bien y ya en junio Jorge Azanza me dijo que iba a pasar al primer equipo. Con él tengo mucha amistad porque también es de Alsasua y siempre me ha apoyado. Veía que podía dar el salto, pero hasta que no te lo anuncian y firmas el contrato no te lo crees del todo.
TRES AÑOS, TRES ITZULIAS. Con el Euskaltel he tenido la suerte de correr la Itzulia en cada uno de mis tres años como profesional. De manera global me quedaría con la marea naranja. Ver a gente animando por las carreteras que conoces de memoria por haber competido por ellas en diferentes categorías es increíble. A nivel particular, en la primera edición me quedaría con la etapa de Alsasua, donde pude formar parte de la escapada del día. Entré en el equipo que la disputó a última hora. No sabía si podría competir de nuevo en Alsasua, ya que justo mi última prueba de amateur fue allí. Estar en la fuga, y encima en una carrera del World Tour, fue muy especial.
NUNCA SABES DÓNDE ESTÁ LA OPORTUNIDAD. No cuento con una carrera fetiche. Me gustan los recorridos duros, con subidas, pero no tengo problema y en cuanto me proponen alguna en el equipo me convencen rápido. Realmente, nunca sabes dónde está la oportunidad. Igual una carrera con la que no contabas en el calendario acaba siendo una sorpresa, aunque si es en Euskadi, mejor.
MI SÍ-NO VICTORIA. En el Gran Premio Primavera Ontur no tenía expectativas y lo acabé peleando hasta el final con el mejor resultado. Salí dando guerra desde el inicio y conseguimos generar una escapada numerosa en la que entré junto a mi compañero Axel van der Tuuk. Fuimos valientes, primero atacó él y cuando llegamos de nuevo a su rueda un grupo más reducido entonces me lancé yo, hasta que logramos irnos los dos solos y cruzar la meta de la mano. La decisión de quién pasaba primero la línea dio igual, porque si bien en el palmarés solo va a figurar una persona, en la foto estaremos los dos.
VUELVE LANDA. La llegada de Landa ilusiona tanto al equipo como a la afición. Me acuerdo cuando empezó aquello de free Landa. Lo veía en la tele cuando era cadete o juvenil y tenerle de compañero nos dará un plus de motivación, sobre todo cuando haya que trabajar para él; nos hará esforzarnos aún más. Nos aportará experiencia y nivel para disputar carreras a las que igual no íbamos a poder acudir con tantas garantías.
SITIO EN EL PELOTÓN. Esta ha sido mi tercera temporada profesional. Poco a poco voy buscando mi sitio en el pelotón. Empecé mal el año y me costó alcanzar mi nivel. Soy de meterme en muchas fugas, de luchar las subidas de diez minutos y las clásicas italianas me gustan, en especial las duras. Y por supuesto, con la mejor predisposición si toca trabajar para otros.
TOP 30. El equipo ha mantenido hasta el final la lucha por el top 30 que ha impuesto la UCI como requisito para acceder a la invitación de una gran vuelta. Conseguirlo era claramente un objetivo, aunque la situación estaba muy difícil. Hasta cerrar la temporada hemos intentado sumar el máximo número de puntos posibles.
EL IKER MÁS CASERO. Fuera de la bici soy un chaval muy tranquilo, quizás un poco cuadriculado; me gusta que todo lo que hago esté perfectamente controlado. Prefiero estar en casa con los míos el tiempo que me deja el ciclismo.
EL VASO MUCHO MÁS QUE MEDIO LLENO. Tampoco siento que haya renunciado a nada. Dejas de hacer unas cosas porque disfrutas de otras. Desde niño quise ser ciclista y lo he conseguido. Llevo tres años viviendo lo que he soñado. Es verdad que igual no puedo estar en las fiestas del pueblo o irme a cenar el día que me apetezca. También se pasa mucho tiempo fuera, pero me compensa de sobra. No es ver lo que no haces sino lo que estás haciendo, que es vivir de tu pasión y visitar sitios a los que igual no ibas a viajar nunca como China, por ejemplo, donde fui a competir recientemente.
POR PEDIR QUE NO QUEDE. Sé que es muy difícil, pero me encantaría ganar una etapa en la Itzulia. Tampoco vamos a poner límites a los sueños, que para eso están.
CUANDO CUELGUE. De no ser ciclista hubiese escogido atleta. Cuando era más joven practicaba atletismo, sobre todo cross, pero me decanté por la bici y ahora no puedo correr mucho. Cuando deje la bicicleta seguramente me dedicaré a hacer pruebas a pie.
