Entrevistas

David González: "Me gusta ser un corredor de equipo"

El jovial y simpático ciclista abulense cumple su segunda temporada en el Pinarello Q36.5, donde ha evolucionado de velocista a hombre de equipo hasta aupar a Tom Pidcock al podio de la pasada Vuelta a España.

Ainara Hernando: Fotos: Luis Ángel Gómez (Sprint Cycling Agency)

4 minutos

David González

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ME GUSTA SER UN CORREDOR DE EQUIPO. Lo prefiero a buscar resultados individuales. Soy un ciclista que pasa bien la media montaña y, si estoy muy fino, puedo estar en fugas buenas de montaña. Cuento con la chispa para disputar finales, pero ahora me considero más un hombre de equipo. Tienes menos presión y me gusta más trabajar para los demás; creo que rindo mejor.

EL ÚLTIMO MOHICANO DE LA GRUPETA ABULENSE. Y me da pena que sea así porque no tengo a nadie con quien entrenar. Soy muy amigo de David Navas y él tenía mucha relación con Julio Jiménez. Solíamos quedar a tomar café y me contaba historias de su época. En Ávila había escuelas de ciclismo y ahora apenas quedan dos o tres chicos amateurs, Mancebo, que es incombustible, y yo como profesional. Nadie apuesta por el ciclismo aquí. No sé si es porque las nuevas generaciones vienen con menos ganas de sufrir que las anteriores. La vida ha cambiado mucho; los padres ahora están liados las 24 horas, trabajando, pero la realidad es que no hay cantera ni corredores en la élite.

VIVO A 200 METROS DE LA TIENDA DE SASTRE. Voy mucho a visitarle y mantenemos muy buena relación. Cuando Carlos estaba en el pelotón profesional yo aún era muy joven y mis recuerdos provienen de ver vídeos. He sido más fan de Contador, me ha puesto de pie muchas tardes. La época de Chava me pilló ya mucho más pequeño. Tengo amigos más mayores que fueron amigos suyos y todo lo que he escuchado hablar de él es bueno. Conozco lo que me han transmitido, además de las entrevistas que he visto y también vídeos, como el mítico del Angliru de La Vuelta cuando surgió entre la niebla y ganó.

ELEGÍ EL CICLISMO PORQUE GANABA. Jugaba al fútbol a la vez que montaba en bicicleta. En mi pueblo éramos novecientos habitantes y me federé con siete años, ¡no tenía ni categoría para correr! Pero batía a los mayores y eso hizo que me enganchara a este deporte. En mi casa se ha visto siempre el Tour por la tele, seguíamos el ciclismo y yo encima me veía ganando carreras, así que en ese sentido fue fácil escoger el deporte por el que decantarme. Después, en el Caja Rural amateur en mi último año como sub-23 gané seis o siete carreras y Rubén, el Peris, me ayudó un montón para que diese el salto a profesionales. Le debo mucho y estoy muy agradecido por ello.

EL CICLISTA ESPAÑOL ES DURO. Lo descubrí en el último Giro de Italia, que fue una gran experiencia. Lo sueñas cuando eres pequeño y estar ahí ha sido increíble. Me puse malo y no pude rendir como hubiera querido, pero estuve luchando en las últimas etapas, ayudando al equipo y conseguí disfrutar cuando afrontamos los Dolomitas. Allí me di cuenta de que los españoles somos muy duros. Terminamos cuatro el Giro, de los cuales dos fuimos De la Cruz y yo, aguantando como pudimos. Fue una carrera muy especial, con los tifosi, tanta gente en las cunetas y llegar a Roma. Mereció la pena sufrir.

LLEVAR A PIDCOCK AL PODIO DE UNA GRANDE. Fue una sensación muy bonita en la Vuelta a España. Descubrí en mí mismo a un ciclista que no era antes, cuando estaba en Caja Rural, y salí muy contento de La Vuelta. El equipo no había llevado a ningún velocista e intenté disputar los primeros sprints. Me encontré siendo sexto en la primera etapa. Después cogí fugas muy importantes, como la del día del Angliru y también en las duras jornadas gallegas, ayudando luego en todo lo que pude a Tom Pidcock para que terminara tercero.

O TE ADAPTAS O ESTÁS MUERTO. En el ciclismo moderno somos números y eso no lo llevo bien. Estar en el Pinarello Q36.5 es una pasada porque se trata de un equipo enorme, con el mejor material posible y todos los medios a tu alcance. He corrido dos grandes vueltas y también el Tour de Flandes, las mejores carreras del mundo. Ves que creces como ciclista y también como persona, pero hay una parte que es dura: estar todo el rato en altura, fuera de casa y lejos de la familia, cuidarte al máximo para no ponerte enfermo, controlar con una app la comida que ingieres, dejar a los amigos de lado, etc. Es una burbuja que te atrapa y se me hace cuesta arriba.

MI FAMILIA ES MI GRAN MOTOR. Son mi todo. Elena, mi mujer, y mi hijo Luca, de tres años, son el pilar de mi vida. Elena es una supermujer; sin ella yo no sería nada. Me levanta. No tengo su capacidad mental y la admiro mucho por su fortaleza anímica. Ella es madre, tiene una clínica, cuida del perro y de dos niños más en casa... ¡mi hijo y yo! La familia que formamos es el centro de todo. Me gustaría que mi hijo fuese feliz eligiendo lo que desee ser. Ojalá quiera ser ciclista, pero sin sufrir todo lo que he sufrido yo. En los últimos años me ha costado adaptarme a este ciclismo moderno y he empezado a ir al psicólogo para cambiarlo. Aunque disfruto del viaje, mi hijo ya se pone triste cuando me voy a alguna carrera o de concentración porque se empieza a dar cuenta de las cosas. Pero estoy muy orgulloso si miro para atrás al chaval de siete años que yo era, así que no puedo pedir más.

ME GUSTARÍA SER PREPARADOR CUANDO ME RETIRE. Pero no para profesionales, he estado entrenando con amateur y creo que no los entienden. Sólo se miran los números y no a la persona. Así se los cargan. Quiero trabajar en un equipo amateur para apoyarles en el plano humano. Me han dolido mucho las piernas y sé lo que es pasar miseria encima de la bici. Podría ayudarlos a buscar el camino correcto, con menos agobio y estrés para vivir y disfrutar del ciclismo.