Gordo... ¿Naces o te haces?

¿Te "pesan" los genes que has heredado de tus padres? Más que los genes, pesan los hábitos de vida y alimentación. Con deporte y una alimentación equilibrada, es posible vencer a los genes de la obesidad
Raúl Notario -
Gordo... ¿Naces o te haces?
Gordo... ¿Naces o te haces?


En una sociedad marcada por el sedentarismo y las comodidades de la tecnología, en la que regalamos a nuestros pequeños (y mayores) monopatines con motor, recogepelotas para no agacharnos cuando jugamos al tenis, videoconsolas, etc., existe una creencia generalizada acerca de la predisposición genética de una persona a ser obesa. Todos hemos escuchado frases del tipo "si apenas como, pero no paro de ganar kilos", "soy de hueso ancho", "siempre he sido grande y mi familia también". Pero, ¿qué hay de cierto en estas afirmaciones?

En este artículo vamos a desmontar esos mitos con datos científicos. Cuando termines de leer estas líneas verás que no todo depende de la genética y que no hay nada perdido, que en la mayoría de las ocasiones,  ¡sí quieres, puedes!, y que la mejor receta contra la obesidad es el deporte, la constancia y la vida sana.

El peso de la herencia

Si nuestros padres son obesos, ¿estamos destinados trágicamente a ser obesos? ¿Qué peso tiene la herencia genética? Los estudios indican que la obesidad es una enfermedad influenciada por el estilo de vida que seguimos, por lo que comemos y por determinados factores genéticos. Cada uno de estos factores aporta un porcentaje al resultado final, ese que se refleja en nuestra báscula cuando nos pesamos cada mañana. Uno de los trabajos que más luz arroja sobre esto es el de HERITAGE Family Study. Este trabajo determinó la influencia de la actividad física sobre el sistema cardiovascular, el metabólico y el hormonal. El estudio se llevó a cabo con familias de tradición sedentaria (3 generaciones) y el resultado concluyó que los genes relacionados con la predisposición a ser obesos y sufrir enfermedades derivadas del sobrepeso determinaban en un 50% que lleguemos a padecer esos problemas. Es decir, el otro 50% depende de nosotros, de nuestro estilo de vida y de lo que comemos. ¡Gran noticia!, ya que durante muchos años en las facultades de medicina estadounidenses se enseñaba que la predisposición genética a ser obesos alcanzaba ¡el 90%!

¿Por qué entonces es habitual ver familias con clara tendencia al sobrepeso y otras que no? Más que por la herencia genética, los científicos determinan que esto se debe a la herencia social y el peso de las costumbres. En líneas generales, y salvo excepciones, la gente con sobrepeso tiene un nivel de ingesta elevado, muy superior a su gasto calórico, que mantiene durante prácticamente toda su vida, educando a sus hijos en similares valores de ingesta, lo que conduce al sobrepeso. Si además, su nivel de actividad física es bajo o nulo, estamos dando muchas ventajas a los genes que determinan la predisposición a sufrir obesidad.

Esos genes son los polimorfismos de  FTO (del inglés Fat Mass and Obesity Associated). Se trata del mayor factor conocido en relación con la genética y la obesidad. En otro estudio que recogía los datos obtenidos sobre más de 200.000 adultos y 19.000 adolescentes, se determinó que el riesgo de sufrir enfermedades coronarias, colesterol, etc., aumentaba significativamente en las personas que no realizaban ninguna actividad física o deportiva. Sin embargo, en esas mismas personas el efecto del ejercicio era superior que en gente ya activa. Más motivos para ponerte en marcha y cambiar esos hábitos sedentarios.

Es necesario desterrar esa idea tan popularizada que asume la mayoría de la gente y pensar que la obesidad no está determinada genéticamente al 100% y gracias a eso podemos combatirla. De no ser así, los obesos seguirían siéndolo para toda la vida y todos conocemos casos de gente que ha logrado, tras mucho esfuerzo y sacrificio, bajar de peso y mejorar su calidad de vida significativamente.

Si todavía piensas que el ejercicio no puede suponer tanto cambio para tu vida, te equivocas, hay estudios que concluyeron que con un número elevado de horas de televisión se acentuaba la predisposición genética a la obesidad, mientras que a mayor tiempo dedicado a la actividad física, menor sería el efecto de la variación genética sobre el IMC (ese 50% del que hablamos antes), vamos, ¡que puedes desafiar a tu genética!


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¿Existen los "fofisanos"?

Últimamente se ha hablado mucho sobre si es posible padecer algo de sobrepeso y tener buena salud.  Por supuesto, siempre es mejor hacer ejercicio que ser sedentario, pero un reciente estudio realizado en Suecia ha demostrado que los "fofisanos" tienen mayor riesgo de padecer enfermedades que las personas sedentarias que se encuentran en su peso. Sin embargo, no todo es malo, ya que el ejercicio podrá beneficiarte de igual modo que a las personas sin sobrepeso y en poco tiempo podrás gozar de una mejor salud, así lo dice el estudio publicado en la revista International Journal of Epidemiology.

A mí "la herencia" me pesa, ¿qué hago?

 

No desaproveches ninguna oportunidad de moverte. En primer lugar, si todavía no lo has hecho, debes reducir considerablemente las horas que pasas frente al televisor. Olvídate del ascensor, escaleras mecánicas, etc. Evita los traslados en coche en la medida de lo posible. No duermas justo después de comer o cenar, deja que pasen al menos 2 horas, que puedes aprovechar para dar un paseo, por ejemplo. Gracias a eso, la energía consumida no quedará en desuso y no se sumará al tejido adiposo.

Cualquier ejercicio, poco o mucho, es positivo. Tal vez te parezca que andar o subir escaleras no supondrá ningún cambio para tu vida, pero te equivocas. Si sumamos pequeños esfuerzos, lograremos un gran resultado. Siempre es mejor 10 minutos de ejercicio a 0 minutos, aunque lo ideal es realizar al menos 60 minutos al día de actividad física moderada. Apúntate al gimnasio, sal a pasear, a montar en bici, comienza a nadar y a realizar actividades de bajo impacto que no repercutan en tus articulaciones.

Reduce tu ingesta para adaptarla a tu nivel de actividad. Acude al médico para que te proponga una dieta saludable. Si nuestro objetivo es bajar de peso, el balance calórico debe ser negativo, es decir, debemos gastar en torno a un 15-20% más de lo que consumimos a través de los alimentos. Lo mejor es realizar 5 comidas al día. Come de todo, verduras, hortalizas, carne (evitando las carnes grasas), pescado (sobre todo los pescados blancos), frutas y frutos secos. Evidentemente, nada de comidas precocinadas,  bollería industrial o alcohol (que solo aporta calorías vacías).

Realiza ejercicios de fuerza. Con este tipo de entrenamiento activamos en gran medida nuestro metabolismo, logrando que permanezca activo durante más tiempo, lo que hace que sigamos consumiendo calorías. Si combinamos trabajo aeróbico y trabajo de fuerza tenemos el mix perfecto para alcanzar nuestros objetivos.

Elige el ritmo adecuado. Debes entrenar de forma moderada, para estimular el consumo de las grasas como fuente energética. Normalmente, las personas con sobrepeso tienen reservas en exceso de grasa, por ese motivo el organismo no necesitará recuperarlas y, por lo tanto, no experimentarás la sensación de hambre después de entrenar. Lo ideal, si vas a realizar actividades cardiovasculares, es que mantengas tu ritmo cardíaco en un rango de entre 120 y 150 ppm.

No te equivoques

Te contamos algunos de los errores más comunes para que no caigas en ellos:

Sudar no adelgaza. Evita utilizar chubasqueros, prendas de neopreno o film transparente (o cualquier otra locura relacionada con esto) para facilitar la sudoración. El sudor es un proceso de termorregulación necesario a través del cual tan solo perdemos líquidos y sales minerales, pero no grasa.

Dieta sí, pero equilibrada. Para que una dieta funcione de verdad, las calorías gastadas no deben sobrepasar en más de un 25 % a las calorías consumidas. Por lo tanto, desconfía de las dietas que te hagan perder más de 5-6 kg al mes (esta cifra, claro, depende de tus características personales y del sobrepeso que padezcas). Si quieres ponerte a dieta, acude a un profesional para que te asesore y no pongas en riesgo tu salud.

Los productos milagrosos no existen. Tratan de vendernos gran cantidad de productos fantásticos que nos ayudan a perder peso, sin dietas, sin ejercicio (una maravilla) ¿os lo creéis? Esas pastillas, muchas de las cuales, afirman ser totalmente naturales, no cuentan con las certificaciones necesarias y de hecho muchas personas las consiguen a través de internet. Estos productos pueden causar un gran número de efectos secundarios (depresión, la temperatura alta, enfermedades del corazón, pérdida de cabello e incluso impotencia) y han sido prohibidos en España y en la UE. Como reza el dicho, nadie da duros a pesetas, y en este caso nadie adelgaza sin esfuerzo.
Ahora que hemos llegado al final del artículo, ya te habrás convencido de que a pesar de los genes, el esfuerzo y el trabajo salen ganando. ¿El gordo nace o se hace?, puede que una persona nazca con una mayor predisposición a ser obeso, pero los condicionantes sociales, las costumbres y el estilo de vida pueden revertir esa situación. Estamos de acuerdo en que tal vez cueste más trabajo, pero no dejes que te digan que no se puede. ¡Comienza a moverte y déjate guiar por el "gen" Sport Life!  

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