10 problemas de salud que pueden ser la causa de tu agotamiento

Si no encuentras la energía para salir de casa cada mañana, es momento de revisar tu salud y ver si hay alguna explicación médica a tu cansancio.
Yolanda Vázquez Mazariego -
10 problemas de salud que pueden ser la causa de tu agotamiento
10 problemas de salud que pueden ser la causa de tu agotamiento

Cuando te falta la energía y no hay manera de ponerse las pilas, es momento de revisar qué está pasando para poner remedio y encontrarnos bien de nuevo. Hay muchas causas para explicar la falta de energía, las más habituales también son las más evidentes, y tienen fácil remedio. Todos sabemos que la vida que llevamos nos agota por la falta de sueño, una mala alimentación y el estrés de seguir una agenda imposible de cumplir para intentar tener horas para todo, trabajo, familia, amigos, estudios y por supuesto, entrenamientos que llevamos actualmente. Así es imposible que nos llegue la energía para sentirnos bien cada día, llegamos a final del día agotados, y sabemos qué tenemos que cambiar, aunque no siempre es posible. 

El problema aparece cuando no hay razones obvias que expliquen la falta de energía, cuando a pesar de que estamos poniendo remedio, durmiendo más horas, comiendo bien y relajando el horario, seguimos sin encontrar la energía, nos levantamos ya cansados sin explicación aparente. Entonces el cansancio se puede deber a un problema de salud, y ante cualquier sospecha, hay que acudir al médico para que pueda hacer las pruebas diagnósticas, y encontrar el mejor tratamiento si el agotamiento es un síntoma de alguna enfermedad.

¿Qué enfermedades pueden acabar con nuestra energía?

1. Alergias

Las alergias son una respuesta exagerada ante una sustancia del sistema inmunitario los síntomas más habituales son los problemas respiratorios, congestión nasal, moqueo, inflamación y picor de piel y mucosas, dolor de cabeza, dificultad para dormir, etc. Toda esta revolución provoca agotamiento físico y mental.

Hay muchos tipos de alergias, la más conocida es la alergia al polen, pero aumentan los casos de otras alergias, especialmente alimentarias como la alergia al pescado crudo causada por el parásito anisaki, la alergia a la proteína de la leche o el huevo, a los frutos secos, a algunas frutas y hortalizas como plátano, tomate, patata, a legumbres como la soja, también aumentan las alergias a los aditivos alimentarios y a sustancias químicas utilizadas en cosmética y productos de limpieza. La lista es interminable y confusa, desde alergias al moho, que son en realidad a las sustancias que producen los microorganismos causantes del moho, a alergias al cloro de las piscinas que suelen ser por otra causa.

El tema se complica porque las personas alérgicas suelen volverse muy sensibles a otros alérgenos y aparecen también alergias cruzadas, que solo aparecen cuando se mezclan uno o varios alérgenos que por si solos no darían reacción, solo al estar juntos.

Es importante acudir al alergólogo para que identifique el agente que produce la alergia o alérgeno para evitarlo y empezar con el tratamiento adecuado.

Ante las alergias lo mejor es prevenir, evitando el contacto con la sustancia o sustancias que provocan la reacción, porque aunque no se da mucha importancia a los síntomas de las alergias cada año aumenta el número de personas con alergias, especialmente en niños, y no sólo al polen, las personas alérgicas son sensibles a muchas otras sustancias y con los años se alarga la lista de alérgenos que deben evitar.

2. Anemias

Probablemente es la enfermedad más asociada a cansancio en nuestro tiempo, pues la mayoría de nosotros vamos a nuestro médico de familia a pedir una analítica en cuanto nos falta energía. Curiosamente, la mayoría de las veces la analítica sale normal, pero mejor comprobarlo con el especialista porque si se detecta a tiempo, la anemia tiene fácil solución.

La anemia provoca fatiga porque disminuye el número de glóbulos rojos en la sangre, las células que se encargan de transportar el oxígeno desde los pulmones a los tejidos, y si no llega suficiente oxígeno a las células, no pueden cumplir su función, todo se enlentece y aparecen síntomas como el cansancio, debilidad, problemas de sueño, dolor de cabeza, falta de concentración, etc. en los casos leves, que se van agravando con respiraciones cortas para intentar "coger" más aire al respirar, taquicardias para acelerar el ritmo cardiaco y enviar más sangre a los tejidos, dolor en el pecho, e incluso desmayos, un recurso del cuerpo para reducir al mínimo las funciones ante la falta de oxígeno.

En personas deportistas, especialmente en mujeres en edad fértil con menstruación, la anemia suele ser habitual, bien por exceso de entrenamiento, que aumenta las demandas de oxígeno y necesitamos más glóbulos rojos para llevar más oxígeno a los músculos en movimiento, o porque la alimentación no aporta hierro suficiente, especialmente en personas que no comen carnes rojas, que son ricas en hierro, o por problemas de mala digestión, o por las pérdidas de sangre en mujeres durante la menstruación. Muchos deportistas de élite cuidan la ingesta de hierro de forma natural, y añaden vitamina C a los alimentos ricos en hierro, para facilitar su absorción, y en los casos más graves requieren tratamientos con hierro más específicos y de larga duración.

La anemia ferropénica es la más habitual, se debe a la falta de hierro, mineral imprescindible en los glóbulos rojos. Suele aparecer porque la ingesta de hierro es insuficiente en la dieta, o por un problema digestivo que dificulte la absorción de hierro en el intestino o por pérdida de sangre, no sólo por heridas, puede aparecer en mujeres con hemorragias muy fuertes durante la menstruación.

Hay otros tipos como la anemia por déficit de vitamina B12, una vitamina muy importante para producir glóbulos rojos. La anemia perniciosa aparece cuando el estómago no produce en cantidad suficiente la proteína que favorece la absorción de la vitamina B12. Y la anemia megaloblástica o por deficiencia de ácido fólico, debida a un déficit de esta vitamina, que provoca un aumento del tamaño de los glóbulos rojos.
Alimentos ricos en hierro

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Seguro que has oído hablar que el hierro vegetal se absorbe peor que el hierro animal, si no sabes la razón, estamos hablando de la biodisponibilidad, que indica la cantidad de hierro que realmente consigue llegar desde los alimentos a la sangre atravesando los intestinos. La biodisponibilidad depende de muchos factores, uno de ellos es la forma en que el hierro se presenta en los alimentos: el hierro hemo y el hierro no hemo.

• El hierro hemo es el que se absorbe mejor y se encuentra en los alimentos de origen animal como vísceras (hígado), carnes rojas (buey, conejo, cerdo, caballo), aves (pavo, pichón, faisán), pescados y moluscos (almejas, ostras, berberechos, mejillones, etc.) y yema de huevo.

• El hierro no hemo se absorbe poco y mal y se encuentra en los alimentos vegetales, en mayor cantidad que en los vegetales en algunos casos, aunque no está biodisponible, por lo que no se absorbe tan bien. Se encuentra en grandes cantidades en alimentos como la levadura de cerveza, algas (wakame, dulse, iziki, kombu), legumbres (soja, lentejas, judías), frutos secos y semillas, cereales integrales, verduras verdes (espinacas, brócoli, perejil, tomillo).

Como puedes ver en la tabla, no importa cuánto hierro contenga un alimento, sino qué porcentaje se absorbe de verdad. Por ejemplo, la leche materna es el alimento con menos cantidad de hierro por peso en la tabla, pero el bebé lo absorbe muy bien porque está asociado a unas proteínas (lactoferrina y transferrina) que ayudan al transporte del mineral al sistema digestivo. Las algas contienen una gran cantidad de hierro, hasta 150 mg por 100 gramos de alga dulse, pero este tipo de hierro no hemo se absorbe poco y mal. En general se absorbe hasta un 23% del hierro grupo hemo, y entre un 3 y un 8% del hierro grupo no hemo, aunque parece que las personas vegetarianas y veganas pueden llegar a absorber más cantidad de hierro no hemo de los vegetales que las personas carnívoras.

 

Alimento mg de hierro en 100 g de alimento  Porcentaje de absorción
Leche materna  0,05 50-75 %
Hígado de cerdo  22,1 15-20 %
Carne de buey 2,5 16 %
Almejas y berberechos 22 10-15 %
Jamón serrano 2,5 10-15 %
Pescado 1,0 10-15 %
Huevos 7 5 %
Levadura de cerveza 17,3 5 %
Soja 8,6 2-5%
Legumbres 7 2-5 %
Espinacas 4 2-5 %
Arroz 0,4 1 %

3. Depresión

Nadie sabe qué le pasa cuando aparece la depresión, pero además de tristeza, pesimismo y apatía, aparece cansancio, problemas de sueño y escasez de energía. La depresión ya no es una ‘invención’ o un ‘cuento chino’, y ha dejado de ser ignorada por todos para ser reconocida como una enfermedad que puede afectar a cualquiera y cuyos síntomas pueden durar meses e incluso años si no se busca un tratamiento.

No existen pruebas médicas para diagnosticar la depresión, los médicos ahora están preparados para reconocer los síntomas tan variados, que van desde la fatiga, insomnio, cambios de humor, ansiedad, tristeza, pérdida de apetito y adelgazamiento, o lo contrario, deseo incontrolable de comer algunos alimentos ricos en carbohidratos generalmente y su consecuente ganancia de apetito, dolores físicos sin causa, desde dolor de cabeza a problemas digestivos, etc., y en los casos más graves la tristeza va asociada con el abandono total y tendencias suicidas. Todo es posible en la depresión, y es importante que los médicos de familia los identifiquen a tiempo para empezar cuanto el tratamiento farmacológico y/o psicológico.

Curiosamente, hay muchas personas que han salido de la depresión gracias al deporte, a pesar de que no tenían ni ganas ni energía para ponerse las zapatillas, pero un pequeño empujón los llevo a empezar a correr, apuntarse al gimnasio, o coger la bicicleta, entre otros deportes, y ha sido el mejor tratamiento para salir del fondo del pozo, como muchos definen a la depresión. La explicación está en que el ejercicio físico genera endorfinas entre otras sustancias en el cerebro que se encargan de producir sensaciones placenteras junto a una ligera "adicción" para seguir practicando ejercicio y conseguir la ‘dosis’ de felicidad.

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4. Fibromialgia y Síndrome de fatiga crónica

Son dos enfermedades diferentes, pero que se pueden confundir porque presentan síntomas parecidos, hasta el reconocimiento de ambas por la OMS, los enfermos sufrían un calvario de pruebas y visitas médicas porque se consideraban enfermedades imaginarias. Las hemos englobado porque aunque cada vez se sabe más de ellas, el diagnóstico es complicado y ambas presentan un agotamiento física y mental.

En el caso del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), aparece un estado de cansancio extremo que puede dejar a la persona incapacitada para todo, como una gripe fuerte que no mejora con el reposo, a veces no pueden ni levantarse de la cama, y que se mantiene al menos durante 6 meses. Los síntomas son variados: dolor muscular y articular, debilidad, fiebre baja, dificultad para dormir, mareo y problemas de equilibrio, falta de memoria y concentración, malestar generalizado, alergias y sensibilidad a alimentos y sustancias químicas, etc.

En el caso de la fibromialgia los síntomas también son muy variados y dificultan el diagnóstico, aparece dolor crónico generalizado, fatiga, cambios de humor, problemas de memoria, mala concentración, etc. Se presenta con mayor frecuencia en mujeres que en hombres. Puede presentarse por sí sola o también asociada a otras enfermedades como osteoartritis, la artritis reumatoide o el lupus.

La causa en ambas es desconocida. En la fibromialgia, se piensa que se debe a una función anormal del sistema nervioso central, que "amplifica" las señales normales de dolor. Por lo que los estímulos que no causarían dolor en la mayoría de las personas, provocan dolor en las que tienen fibromialgia. En la fatiga crónica se piensa que podría estar relacionada con infecciones, problemas inmunológicos, presión sanguínea muy baja, deficiencias alimentarias y estrés, que cuando es crónico sobreactivaría la respuesta del Sistema Nervioso Central hasta agotarlo.

Como aún no hay pruebas diagnósticas claras en ambas enfermedades, los médicos realizan diferentes tipos de análisis y deciden el tratamiento personalizado para reducir el dolor y mejorar la calidad de vida.

Ayuda a reducir los síntomas:

• Evitar el estrés.

• Mejorar el sueño.

• Ejercicios de rehabilitación.

• A algunas personas mejoran con el ejercicio físico (natación, yoga, pilates, ciclismo indoor, etc.), otras empeoran.

• Reuniones con otros grupos de apoyo con otros afectados.

• Técnicas de relajación mindfulness y meditación para aliviar la ansiedad, reducir la tensión muscular y controlar el dolor.

5. Intolerancias alimentarias

Las intolerancias alimentarias no son alergias reales porque no provocan una reacción inmunológica ante la ingesta de un alimento o un aditivo contenido en él. Generalmente, no son tan graves, y al ingerir el alimento se produce una alteración de la mucosa digestiva, que con el tiempo puede originar una inflamación crónica y que puede empeorar otras enfermedades relacionadas con niveles altos de inflamación.

Las intolerancias se clasifican en cuatro grupos en función del tipo de respuestas que producen y los productos que las ocasionan: enzimáticas (intolerancias a azúcares), farmacológicas, metabólicas e indeterminadas.

Hay algunas intolerancias a alimentos que destacan a la hora de restarnos energía, como ocurre en el caso del gluten que provoca la celiaquía o la intolerancia a la leche que suele ser a la lactosa, o a la fruta que suele ser por la fructosa. Ahora son más fáciles de identificar, especialmente en los más pequeños, lo que permite evitar estos alimentos antes de que ocasionen daños en el cuerpo, pero hay personas adultas que llevan años con síntomas variados, mira el caso del tenista Novak Djokovic, que descubrió que era celiaco en 2010 y su rendimiento deportivo mejoró considerablemente al eliminar el gluten de su dieta. Si notas que algún alimento te sienta mal, especialmente cuando haces deporte, acude al especialista para hacer las pruebas y cambiar tu dieta si tienes la mala suerte de ser intolerante.

En general, las intolerancias provocan malestar general y síntomas muy variados, no solo digestivos como dolor abdominal, inflamación, gases, diarreas, estreñimiento. También pueden aparecer picores y descamación en la piel, dolores de cabeza, etc. Y en general, las alergias alimentarias dejan sin energía al que las padece, bien porque no se absorben bien los nutrientes, o porque no se descansa bien por las molestias o por la inflamación que pueden provocar.

Algunos expertos empiezan a considerar las intolerancias como un problema cada vez mayor y piensan que gran parte de los problemas de salud actuales, desde la obesidad a los problemas cardiovasculares, depresión, Alzheimer y algunos tipos de tumores, están originados por las intolerancias no detectadas a alimentos, y que pueden prevenirse si identificamos los alimentos que no toleramos y que solemos comer todos los días, bien por desconocimiento o porque no le damos suficiente importancia a las intolerancias, al no ser alergias reales. Piensan que aunque el daño que provocan las intolerancias puede ser pequeño, a lo largo de los años se va agravando y provocando un estado de inflamación general, que podría ser el desencadenante de muchas enfermedades.

Si sospechas que tienes alguna intolerancia a un alimento porque no te sientes bien después de comerlo, hay diferentes métodos para el diagnóstico, las más sencillas son pruebas cutáneas a analíticas de sangre y de saliva. Una vez que identifiques tus intolerancias, tendrás que cambiar tu dieta para evitar esos alimentos o sustancias y es recomendable acudir a la consulta de un dietista-nutricionista para que te aconseje como organizar tus menús y te aconseje alimentos sustitutos para evitar carencias nutricionales.

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6. Enfermedades cardiacas y respiratorias

La lista de enfermedades cardiacas y respiratorias es tan amplia y variada, que no podemos resumir dos especialidades médicas en un artículo tan generalista, pero es importante que recordemos que cualquier problema relacionado con el corazón y el sistema circulatorio o los pulmones y el sistema respiratorio, van a venir acompañados de diferentes síntomas, pero siempre va a aparecer agotamiento físico y mental.

Por un lado, el corazón y el sistema circulatorio se encargan de bombear y transportar la sangre con oxígeno a todos los rincones del cuerpo, para retirar la sangre con dióxido de carbono, es lógico que si no llega suficiente oxígeno a las células, éstas no puedan cumplir sus funciones y todo el cuerpo empiece a trabajar bajo mínimos de energía.

Por otro lado, con el sistema respiratorio ocurre lo mismo, todos hemos experimentado algún catarro o gripe, con toses que nos dejan tocados los pulmones, o con mocos que nos taponan la nariz, por ejemplo, y al no poder respirar adecuadamente, nos falla todo, nuestro cuerpo no recibe oxígeno suficiente ni elimina el dióxido de carbono, por lo que no tenemos energía y acabamos en la cama hasta que se nos pase.

Hay enfermedades cardiacas y respiratorias de todo tipo y gravedad, y no conviene ser hipocondriacos si estamos muy cansados y empezamos a pensar que nuestro ritmo cardiaco es irregular o nuestra respiración ineficaz, a veces es sólo una infección, una alergia o la ansiedad y el estrés, pero si el problema persiste o si queremos quedarnos más tranquilos, lo mejor es acudir al médico para que haga las pruebas pertinentes, y en caso de problema nos derive al especialista para el tratamiento.

Hay consejos más generales que pueden ayudarnos a tener un sistema circulatorio y respiratorio más eficiente, con un corazón y unos pulmones sanos y fuertes, como:

• No fumar ni respirar aire con humo y evitar todo tipo de drogas.

• No abusar de alcohol, los dulces, la sal, las grasas animales y la cafeína.

• Evitar hacer ejercicio en zonas contaminadas y salir a respirar aire puro siempre que se pueda.

• Utilizar un monitor de ritmo cardiaco para controlar nuestras pulsaciones al hacer deporte.

• Realizar una prueba de esfuerzo al año para descartar problemas.

• Aprender a respirar adecuadamente, utilizando todo el tronco y con un ritmo pausado.

• Evitar el sobrepeso y obesidad.

• Seguir una dieta mediterránea e hidratarse con agua e infusiones cada día.

• Aprender a gestionar el estrés y la ansiedad.

• Ser activos todos los días, subiendo escaleras, andando al menos 10 minutos al día y levantándose de la silla cada hora.

• Tener un plan de ejercicio semanal, con diferentes actividades, de diferente intensidad y duración, adecuado a nuestra forma física.

7. Artritis reumatoide

Es una enfermedad autoinmune que aparece cuando las células de defensa no reconocen los tejidos de las articulaciones sanos y empiezan a atacarlos y destruirlos provocando inflamación, dolor y rigidez en la articulación. Aparte de los problemas en huesos y articulaciones, la artritis reumatoide suele producir fatiga, falta de energía y pérdida de apetito. Al cabo de unos años la enfermedad va afectando a casi todos los tejidos y se va agravando poco a poco.

El riesgo de desarrollar artritis reumatoide en adultos es de 3,6% para las mujeres y de 1,7% para los varones, generalmente aparece a partir de los 50 años.

La artritis reumatoide es muy dolorosa, pero al principio puede ser ignorada al aparecer en mujeres jóvenes, muchas de ellas deportistas, que achacan los síntomas de dolor y cansancio al entrenamiento, y no son conscientes de la enfermedad hasta que no toman un descanso y siguen notando los mismos síntomas. Es importante acudir al reumatólogo para que haga las pruebas diagnósticas cuanto antes y pueda decidir el tratamiento adecuado para retrasar el progreso de la enfermedad.

8. Apnea del sueño

A veces dormimos pero no descansamos. Si te levantas cada mañana con la sensación de no haber dormido bien, puede que estés sufriendo apnea de sueño, una enfermedad crónica que se caracteriza por interrupciones breves, de al menos 10 segundos, de la respiración durante el sueño, muchas veces ni siquiera te despiertas, y no eres consciente del problema, es la persona que duerme a tu lado quien lo nota.

Hay varios síntomas que puedes notar para saber si tienes apnea del sueño:

• Despertarse súbitamente con un ronquido o un resoplido.

• Tener la sensación al levantarse de no haber descansado y hacerlo con dolor de cabeza o sequedad de boca.

• Tener somnolencia a lo largo del día, fatiga, pérdida de concentración o irritabilidad.

Aparece en el 2-4% de la población adulta , es más frecuente en hombres a partir de los 40 años con sobrepeso y en mujeres postmenopáusicas. También se asocia a el consumo de alcohol, el sobrepeso, problemas de amígdalas y de tabique nasal y la toma de sedantes para dormir.

El agotamiento físico no es sólo por la mala calidad del sueño, también hay fatiga porque las interrupciones de la respiración obligan al corazón a trabajar para compensar la falta de oxígeno a los tejidos. A la larga, no es sólo un problema de cansancio, la apnea del sueño aumenta el riesgo de accidente cardiovascular, hipertensión arterial y arritmias. Además, la falta de descanso y la somnolencia que genera a lo largo del día, especialmente en momentos de inactividad, incrementa el riesgo de accidentes automovilísticos y laborales.

¿Qué podemos hacer?

Es importante realizar el diagnóstico en una unidad del sueño de un hospital, donde hay que ingresar para dormir una noche mientras se monitoriza el sueño y otros factores.

El especialista decide el tratamiento médico, rehabilitador y quirúrgico en algunos casos, pero es importante que seamos conscientes de lo que ayuda a prevenir y mejorar la apnea del sueño:

• Adelgazar.

• Hacer ejercicio regularmente.

• Dormir de lado o boca abajo.

• Respirar por la nariz en vez de por la boca.

• Evitar el consumo de alcohol y medicamento sedantes.

• Dejar de fumar.

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9. Diabetes tipo II

Cada vez hay más personas que son diagnosticadas de diabetes tipo II en el mundo como consecuencia de la obesidad y el sedentarismo actual, hay muchas más que no han sido diagnosticadas aún. La diabetes como enfermedad se caracteriza por la presencia de niveles elevados de glucosa, o ‘azúcar’ en la sangre, y si no se detecta y se trata, puede acabar en problemas muy graves porque la glucosa elevada acaba afectando todo el organismo, desde el sistema cardiovascular, a la piel, cerebro, ojos y mucosas.

En condiciones normales, la glucosa de los alimentos está en la sangre para llegar hasta las células de los diferentes tejidos, no solo a los músculos, y transformarse en energía, gracias a la acción de la insulina que se produce en el páncreas. Si el páncreas no secreta suficiente insulina aparece la diabetes tipo I, pero si hay insulina y lo que ocurre es que las células no reaccionan a la insulina, aparece el síndrome de resistencia a la insulina, que es el paso anterior a la diabetes tipo 2.

Como las células absorben menos glucosa, ésta se acumula en la sangre, el páncreas reacciona produciendo más cantidad de insulina, que las células no pueden utilizar, y entra en un círculo vicioso que afecta a todo el cuerpo.

Los síntomas de la diabetes son muy variados, las personas afectadas experimentan cansancio todo el tiempo, además de sed, necesidad de hacer pis constantemente, hambre, pérdida o ganancia de peso, mal humor, infecciones de hongos y visión borrosa.

La diabetes se detecta por un simple análisis de sangre y orina para medir los niveles de glucosa en sangre en ayunas, y si están elevados, se realizan test de tolerancia a la glucosa en ayunas, antes y después de varias horas de tomar una dosis de glucosa oral para comprobar si la glucosa sigue elevada o no.

La diabetes tipo 2 es más que un problema de falta de energía, es un problema de malos hábitos de vida, por lo que se puede controlar con ejercicio y dieta baja en azúcares. Cada vez hay más personas diabéticas y obesas que han visto como su diabetes, y su cansancio, desaparecían sin medicamentos, por el simple hecho de adelgazar y mantener su peso con una dieta saludable y deporte, y aunque deben seguir control médico, han eliminado los riesgos de enfermedad y muerte prematura que conlleva la diabetes.

10. Enfermedades del tiroides

La pequeña glándula del tiroides se localiza en el cuello y regula muchas de las funciones de nuestro cuerpo relacionadas con la energía, gracias a las hormonas que secreta para regular la temperatura y el metabolismo, la asimilación de algunos nutrientes, el ritmo cardiaco, el crecimiento y el desarrollo correcto del sistema nervioso entre otras.

La tiroides necesita yodo para segregar sus hormonas, por eso un déficit de este mineral puede provocar también agotamiento y falta de energía.

Cuando el tiroides se desregula el metabolismo energético, bien puede trabajar en exceso secretando hormonas que aceleran el metabolismo como en el caso del hipertiroidismo, o trabajar muy poco reduciendo la producción de hormonas y enlenteciendo el metabolismo como ocurre en el hipotiroidismo. En ambos casos aparece fatiga y debilidad muscular, el simple hecho de correr para llegar al autobús se convierte en un esfuerzo maratoniano.

Los síntomas de alteraciones del tiroides son muy variados y están relacionados con problemas de metabolismo, desde alteraciones en el peso sin explicación, sensación de frío o de calor, cambios en el ritmo cardiaco, en el ciclo menstrual, sed, etc. El hipotiroidismo es más habitual que el hipertiroidismo y suele ser más común en mujeres.

Los problemas de tiroides se detectan por una analítica sanguínea para medir los niveles de las hormonas T3 y T4, y si están alterados, el médico especialista decide el tratamiento concreto.

Alimentos ricos en yodo

Los alimentos que provienen del mar como las algas, pescados y marisco son ricos en yodo, pero también hay alimentos de la tierra que aportan yodo.

Mcg de yodo en 100 g de alimento

Algas: 300.000

Soja en grano: 115

Salmón:  200

Bacalao:  170

Arenques: 100

Ajo: 94

Langostino:  90

Leche de vaca: 90

Atún: 50

Piña: 30

Huevo: 20

Moras: 20

Repasa este decálogo, ¡pero sin obsesionarte! A veces nuestros problemas de energía se deben sencillamente a que nuestros días duran más de 24 horas, que nos hemos pasado entrenando, además de las horas que implican nuestras rutinas diarias. Y a veces el cuerpo no da para más, te está lanzando un aviso: ¡ESTOY AGOTADO! Hazle caso, que es sabio, ¡descansa! Y si en épocas especialmente estresantes necesitas una inyección extra de energía, recurre a algunos trucos que nos deja la naturaleza como buscar los cítricos y fuentes de vitamina C, no descuidar el contenido de hierro, o que no te falte ese yogur después de entrenar. ¡Cosas sencillas que marcan la diferencia energética!

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