La Eroica Hispania: viaje a los orígenes del ciclismo

Barcelona-Cenicero en bicicleta clásica
Sergio Fernández Tolosa / Fotos: Xavier Calvo y Sergi Artero -
La Eroica Hispania: viaje a los orígenes del ciclismo
La Eroica Hispania: viaje a los orígenes del ciclismo

Hay veces en que la aventura no hay que buscarla en lugares remotos, sino que te sorprende al lado de casa. Como cuando nos apuntamos a la Eroica Hispania, una marcha cicloturista de bicicletas clásicas que se celebra en La Rioja, y se nos ocurrió ir desde Barcelona pedaleando.

En total fueron más de 600 km de carreteras olvidadas y caminos rurales, cruzando sierras, valles, campos, bosques y desiertos. Por una vez, la línea de salida de un reto iba a coincidir con la línea de llegada de otro.

La Eroica Hispania:

La Eroica Hispania:

Cuadro de acero de tuberías extrafinas. Platos descomunales y piñoneras miniatura. Cables de frenos por fuera de la cinta del manillar y palancas de cambio en el tubo diagonal. Rastrales y correas en los pedales. Chichoneras y sillines de cuero antediluviano.

Maillots de lana, zapatillas de piel y cordones atados con doble nudo… Esta es la estética del ciclista clásico. La imagen anacrónica que despierta la curiosidad de los vecinos que charlan a la fresca y del que sale del bar y observa, boquiabierto, aquellas reliquias aparcadas. "Mi padre tenía una de estas", afirma nostálgico.

VIAJAR EN EL TIEMPO

Pero ¿qué hay más allá del atuendo? ¿Qué nos empuja a rodar cientos de kilómetros por carreteras perdidas y caminos sin asfaltar, esquivando charcos y piedras, apretando los riñones sobre bicicletas que casi nos doblan la edad? Esta vez el reto va más allá del capricho físico.

La Eroica Hispania:

La Eroica Hispania:

Queremos ir en bicicleta desde Barcelona hasta la línea de salida de la Eroica Hispania, en La Rioja, viajando como lo habrían hecho los pioneros del ciclismo, por carreteras de tierra y asfalto desconchado, pasando por pueblos por los que ya no pasa nadie, parando a recuperar fuerzas en los mesones del camino. Tenemos cinco días y 600 kilómetros de aventura por delante. Y muchas, muchísimas ganas de vivir el escurridizo presente.

SIETE BICIS… MAGNÍFICAS

Somos un pequeño y variopinto pelotón formado por Albert, el veterano incansable con medio siglo de ciclismo en las piernas; Rodrigo, el mecánico que lleva las bicis en los genes; Nuria, la enfermera jabata que se inició en la bicicleta hace apenas cuatro meses; Carlos, el ciclista elástico que danza sobre el sillín; Sergi, el fotógrafo coleccionista de bicis antiguas al que no se le escapa detalle; Roger, el camarero aventurero que "llega, bebe y vence"; y yo, Sergio, encargado de dibujar el itinerario sobre el mapa y conducir al grupo por el camino más divertido, que no más fácil ni más corto.

En el vehículo de asistencia, esta vez nos acompañan dos ángeles de la guarda: Miguel, apasionado del universo Eroica y maestro de ceremonias al volante; y Xavier, el hombre de las cámaras y los drones, responsable de documentar e inmortalizar nuestra pequeña gran hazaña. Las otras protagonistas son siete bellezas de cromo-molibdeno, todas ellas nacidas en talleres de otra era: Pinarello, Colnago, Razesa, Otero, Louison Bobet…

LA GASOLINA DEL CICLISTA

La idea de ir a la Eroica Hispania en bicicleta surgió entre cafés y bromas –"Hombre, ir hasta La Rioja para pedalear solo unas horas… ¡¡¡para eso vamos desde aquí en bici!!!"–, pero en realidad nos inspiró la historia de Vicente Blanco, ciclista bilbaíno que se inscribió en el Tour de Francia de 1910 y se fue hasta París a pedales. El muy bruto llegó tan cansado y hambriento a la parrilla de salida que no duró ni un día en carrera. A su regreso, declaró: "No pude hacer nada contra aquellas fieras bien alimentadas".

A nosotros no nos ocurrirá lo mismo. De entrada, hemos acordado iniciar el viaje en la puerta del Eroica Caffè Barcelona, donde sirven unos desayunos de aúpa. A partir de ahí, durante los próximos cinco días nuestras vidas consistirán simple y llanamente en pedalear, comer, beber y dormir. Eso sí, sin demasiadas prisas. ¿Qué más se puede pedir?

Cuaderno de "bici-tacora"

Día 1: Barcelona - Belltall 140 km / 2700 m+

La primera etapa arranca en el centro de la Ciudad Condal. Empezamos subiendo al Tibidabo entre bellos edificios modernistas con el sello de Gaudí. Una vez dejamos el bullicio urbano, pasamos el resto de la mañana rodando por caminos rurales y carreteras de tercer orden que nos llevan hasta la zona vitivinícola de Sant Sadurní d'Anoia.

Después de comer, volvemos a enfrentarnos a buenas subidas, acumulando un importante desnivel que con estas bicicletas convierte la etapa en una gesta colosal. Vencemos la fatiga con ilusión y buen humor, y entre bosques, pueblos de postal y campos de mil verdes, nos sorprende la puesta de sol. Ya a oscuras, damos el resto y logramos mantener el tipo hasta la ansiada mesa del hostal, donde nos aguardan con la cena preparada. En la mente brilla un pensamiento: "Si hemos completado el megaetapón de hoy, nada nos va a detener".

Día 2: Belltal - Sariñena 150 km / 950 m+

El segundo día se presenta más llevadero. El terreno es muy llano, pero AEMET amenaza con lluvias y tormentas. Además, tememos que la etapa de ayer nos pase factura. Al poco de salir, paramos en el monasterio cisterciense de Vallbona de les Monges, construido entre los siglos XII y XIV. Antes de llegar a Lleida, los atronadores rayos nos obligan a guarecernos en un bar, donde improvisamos un prolongado avituallamiento hasta que las nubes se cansan de intimidarnos.

La Eroica Hispania:

La Eroica Hispania:

El resto de la tarde surcamos campos de frutales –qué ricas, las cerezas–, por caminos y carreteras olvidadas en las que rodamos a placer. Nada nos amedrenta. Ni el barro, ni la lluvia, ni las pequeñas averías que sufren algunas de nuestras monturas. Tras cruzar el río Cinca, ya en Aragón, tomamos una larga pista de gravel que se abre paso a través de campos de cereales y eriales hasta Sariñena, capital de Los Monegros.

Día 3: Sariñena - Ejea de los Caballeros 130 km / 750 m+

Partimos entre nieblas, muy temprano, por el camino que circunvala la laguna, pero enseguida se diluyen y el sol alumbra toda la comarca. Es increíble lo bien que van estas bicicletas. El paisaje fluye a ambos lados de la carretera, donde saludamos a Lorenzo, pastor jubilado que mantiene un pequeño rebaño de setenta ovejas "para distraerse", pues es lo que ha hecho desde niño, cuando vivía en Echo y practicaba la ancestral tradición de la trashumancia.

En Tardienta reponemos fuerzas antes de retomar el canal de Monegros hasta el embalse de la Sotonera. Poco antes de llegar a Ejea de los Caballeros visitamos los Aguarales de Valpalmas, una curiosa formación geológica conocida también como "chimeneas de hadas". Hoy llegamos al hotel con un sentimiento agridulce: después de tres días y más de 400 km en las piernas, cuando ya todo parecía cuesta abajo, Rodrigo ha tenido que subirse al coche por culpa de una dolorosa tendinitis aquílea.

Día 4: Ejea de los Caballeros - Calahorra 95 km /350 m+

El plato fuerte del día es la travesía íntegra del Parque Natural de las Bárdenas Reales. El sol brilla en un cielo azul impoluto, pero al llegar a Pinsoro, en la Taberna de Moe –bocadillos de campeonato– nos advierten que las lluvias de los últimos días puede que hayan dejado impracticables los caminos de acceso. Tras buscar alternativas en vano, optamos por el plan original y resulta que no hay ni un solo charco, así que disfrutamos sin traba alguna del "sterrato" navarro –sí, ya estamos en Navarra– y las surrealistas formas de las cárcavas de Piskerra, El Rallón y Castildetierra.

La Eroica Hispania:

La Eroica Hispania:

Después de comer en Valtierra, el desierto queda atrás. Ahora surcamos la huerta de la ribera del Ebro, entre campos de espárragos, nubes de mosquitinas y aromáticas conserveras. La llegada a Calahorra por el viejo camino de Rincón de Soto es absolutamente triunfal. ¡Solo queda una etapa!

Día 5: Calahorra - Cenicero 90 km / 700 m+

Ya es sábado. Mañana es el gran día, el de la Eroica Hispania. Hoy nos esperan en Cenicero a primera hora de la tarde para darnos la bienvenida con un plato de patatas a la riojana y una botella de vino de la tierra. El último tramo de nuestro viaje coincide en parte con el Camino de Santiago. En Viana saludamos a multitud de peregrinos. Los más veteranos nos piden una foto de grupo.

Todos alucinan cuando les decimos que venimos desde Barcelona sobre estas hermosas antiguallas. A mediodía el calor aprieta y en Logroño, al cruzar el Ebro por el Puente de Piedra, sentimos la tentación de las sombras, pero la meta está muy cerca, apenas 20 km entre viñas. Cientos, miles, millones de cepas alineadas formando cuadrículas, que a su vez componen un mosaico infinito. El camino se aleja por este paisaje ondulado, en el que un tobogán sigue a otro. "¿Falta mucho?". "¿Es ese pueblo, Cenicero?".

Tras la última bajada, una calle de pavé nos conduce hasta la plaza del pueblo, donde los vítores suenan tan altos como los hurras. Hay abrazos, alegría y fiesta. Aunque cueste creerlo, lo hemos conseguido.

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