1.500 km en bici por Tasmania para sentirte libre

Situada al sudeste del continente austral, esta isla está a la vanguardia de la conservación del medioambiente, arte, turismo y buen vivir. Cuenta con 17 parques nacionales y apenas 520.000 habitantes. La población oriunda de Tasmania fue exterminada en un genocidio a comienzos del siglo XIX
María de la Rubia Gómez-Morán -
1.500 km en bici por Tasmania para sentirte libre
1.500 km en bici por Tasmania para sentirte libre

Para llegar a Tasmania se puede coger un vuelo de no más de dos horas desde Sídney o Melbourne, u optar por cruzar el estrecho de Bass en ferri (desde Melbourne), lo que para mi bici (butterfly) resultó más cómodo. Una travesía nocturna de unas 11 horas para ir abriendo apetito. No sé por qué elegí Tasmania para viajar en bici en Navidades. Buscaba un destino con buen tiempo que me permitiera acampar, con días largos de luz solar sin lluvia…creo que todos los países que he recorrido en bici me han elegido a mí y solo cuando ya estoy encima del sillín entiendo el motivo.

En este caso fue un chorro de libertad en plena naturaleza durante casi seis semanas. Cuando decidí ir a Tasmania, como de costumbre, me puse a buscar en internet historias de cicloviajeros que me orientasen. Apenas había nada. Si acaso dos australianos que habían ciclado la isla hace tiempo (en sentido antihorario).

Al menos sus historias ilustraban que era factible dar la vuelta a Tasmania en bici en seis semanas. Compré una guía, ciertamente poco útil para los que tenemos una forma de viajar «más singular», saqué un billete de avión y dediqué horas en internet a planificar el posible recorrido. Y digo «posible» porque una vez en el destino, y por experiencia, los planes pocas veces se cumplen.

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No sabía a ciencia cierta qué me iba a encontrar. Lo poco que sabía, por lo que pude leer, es que era una isla donde habitaban los demonios de Tasmania, los pingüinos, los wombats (marsupiales típico de esta isla), los canguros…donde la naturaleza se manifestaba de forma sublime en forma de bosques, playas de arenas blancas y montañas… con pocos habitantes y solo dos poblaciones importantes: Hobart y Launceston.

Me daba respeto y cierto miedo adentrarme sola en una isla tan desnuda (poblacionalmente hablando) con butterfly y de hecho los dos primeros días apenas dormí de nervios e incertidumbre. Pero todo cambió al empezar a dar pedales, olvidarme de mi vida cómoda en Asturias y empezar a empaparme de la naturaleza tassie. Sentí que había conectado de nuevo con mi ser más profundo y volvía a ser yo en contacto con la naturaleza. No necesitaba comodidades, tiendas, bares…disfrutaba de cada pedalada entre bosques, a la orilla del océano, subiendo cumbres… me sentía agradecida y dichosa.

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Al llegar a Devonport en ferri, en el norte de la isla, decidí no sé por qué dar la vuelta a Tasmania en sentido horario (más tarde me enteré que había optado por la opción más exigente) comenzando por visitar el parque nacional de Cradle Mountain, uno de los más importantes por su belleza y símbolo de Tasmania. Pero llegó lo que no esperaba (la lluvia y la niebla) y no me dejó ni vislumbrar la cumbre a 1.545 m sobre el nivel del mar.

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Durante los ocho primeros días la lluvia me iba a acompañar. Podía haber optado por quedarme en alguna población esperando a que pasase el temporal pero decidí avanzar y rodar, a veces incluso 7 horas con lluvia y viento en contra incesantes. Llegó un momento que ya no me sentía empapada, me olvidé de mi mojadura y hasta disfrutaba de la lluvia. Todo es cuestión de actitud…

Fui avanzando hacia la costa este, la más turística y más bonita según decían las guías. Esta costa está salpicada de muchos pueblos con encanto donde se pueden ver pingüinos o visitar parques nacionales como el parque nacional de Freycinet con una playa paradisíaca: Wineglass Bay. Dicen que una de las mejores playas del mundo por sus aguas de color turquesa y sus arenas blancas.

Desde Triabunna se puede coger un ferri a mi isla «Maria Island», lo que hice un 24 de diciembre. Maria Island, parque nacional, es una de las 11 localizaciones tassies donde cumplían sus condenas los presos. En esta isla no hay ni luz, solo queda la caseta del guarda y un antiguo edificio-cárcel que ahora hace las veces de alojamiento muy básico. De nuevo, naturaleza en estado puro para pasear, pensar y disfrutar.

La costa este finaliza en el pueblo de Hobart, capital de la isla y fundada en 1803 como una colonia penal. Aquí debía descansar un par de días y planificar mis próximas pedaladas. Me iba a adentrar en las «Highlands», la zona más montañosa y exigente. Exigente no solo por lo que iban a sufrir mis piernas, sino porque según leí es la zona donde más llueve y con distancias de hasta 90 km sin pasar por un pueblo o hasta llegar a un camping. Me daba mucho respeto.

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Mis conocimientos de mecánica son mínimos por no decir nulos y si a butterfly le pasaba algo iba a estar vendida a la suerte de algún turista que me recogiera en su autocaravana. Daban una ventana de buen tiempo para los próximos días, así que decidí partir el 30 de diciembre después de comprar víveres para tres o cuatro días. Más peso para las alforjas pero al menos iba más segura. Si quería completar la vuelta a Tasmania debía avanzar en esa dirección, no había otra carretera, y dar la vuelta no era una opción.

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Las «Highlands» me sorprendieron gratamente. Fue una inmersión en la naturaleza en toda regla: bosques y más bosques, lagos preciosos para pegarme baños, carreteras sin tráfico, pájaros silbando al ritmo de mis pedaladas… lo que menos me gustó fue ver tantos animales muertos en la carretera como resultado de golpes contra vehículos: canguros, wombats, demonios, aves, etc.

Cruzar esta zona para llegar a la costa norte me llevó casi diez días. Fue por aquí por donde me crucé con algunos cicloviajeros que, inteligentemente, estaban haciendo la vuelta a Tasmania en sentido antihorario: un grupo de 5 tailandeses con quienes compartí desayuno el 1 de enero en el precioso lago de Wayatinah, un italiano también triatleta de Milán, un inglés jubilado que se había venido a rodar a Australia 4 meses y una grupeta de Melbourne donde iba una chica y con quien me pegué una charleta de 2 horas en el arcén. Cosas que tiene el viajar en bici, siempre hay tiempo para charlar y conocer buena gente.

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En Strahan pasé un par de noches para reponerme de la paliza de las cuestas. Después de tanto monte necesitaba océano. Este pequeño pueblo se encuentra en la costa oeste y el atractivo turístico es montarse en un barco para recorrer el río Gordon. Las cuestas me dejaron agotada y estaba tan acostumbrada a sentirme tan libre que la mera idea de meterme en un barco 7 horas me producía claustrofobia. Y como me dijo Bumpie, el buen tipo que regentaba el albergue de Strahan «María, you don’t have to. You choose…» (María, no tienes obligación de hacer nada, tú eliges lo que quieres hacer). Así que decidí irme a pasear por la playa, degustar un pescado local con una cerveza y respirar olor a mar porque era lo que me apetecía.

Esa máxima de Bumpie me acompaña desde entonces. Lo mejor de los viajes es compartir historias con otras personas con alma, intercambiar experiencias, identificar las diferencias, respetar, aceptar que no todos somos iguales pero que todos nos pueden enseñar algo y así, crecer y avanzar. Y creo que por eso disfruto tanto viajando sola, porque estoy más dispuesta a hablar con desconocidos.

En este viaje se han cruzado muchos «ángeles» que mi madre me mandó para acompañarme y ayudarme cuando lo necesitaba. También se cruzó en mi camino «gente sin alma» que me recordaron los atributos que me disgustan y no quiero replicar. De todo y todos se puede sacar una enseñanza.

Después de dos noches fantásticas junto al mar, volví a adentrarme en las montañas para llegar al oeste de la costa norte y de ahí hacia el este a Devonport, destino final de Tasmania en bici y donde debía coger el ferri de vuelta a la civilización, Melbourne, para volar a España. Como suele pasar, las guías no lo cuentan todo y a veces a los autores se les escapan lugares maravillosos como Penguin: un pueblecito a unos 50 km de Devonport donde un amigo alemán que hice en Hobart vino a verme para pasar dos días de relax total y despedirse antes de volver a España. Personas que reorientan ruta para volver a encontrarte, eso es de valorar. Otro aprendizaje…porque al final todo en la vida es cuestión de interés y prioridades.

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Ha sido un cicloviaje sorprendente por la sensación de libertad que experimenté inmersa en tal naturaleza exuberante. Las decepciones llegan cuando se tienen expectativas. Yo no sabía lo que me iba a encontrar y creo que por eso todo lo que venía me parecía fascinante y me sentía agradecida. Creo que puedo resumir lo que me hizo sentir este cicloviaje con el término «gratitud». Mi madre ha vuelto a estar presente en muchos momentos y detalles.

Cuando las cosas no iban del todo bien o sentía miedo, porque una no es de hierro, pensaba en ella y me daba fuerzas o mandaba alguna señal. Creo que soy la primera chica que ha ciclado sola Tasmania (y si hubo otra, que lo diga!) lo que significa que todo lo que nos proponemos podemos conseguirlo. Solo necesitamos confiar en nosotros y en nuestra estrella.

ALGUNOS DATOS ÚTILES

  • Recorrido (sentido agujas del reloj): Devonport, Cradle Mountain, Deloraine, Launceston, George Town, Bridport, Scottsdale, Derby, St.Helen, Bicheno, Freycinet Park, Swansea, Orford, Dunalley, Richmond, Hobart, Bridgewater, National Park, Wayatinah, Queenstown, Strahan, Zeehan, Rosebery, Tullah, Waratah, Wynyard, Stanley, Burnie, Penguin, Devonport.
  • Kilómetros recorridos: aproximadamente 1.500.
  • Compañía aérea: Etihad Airways. Madrid-Abu Dhabi-Melbourne. Esta compañía incluye el material deportivo en la franquicia total de equipaje (5 bultos y un máximo de 30 kilos). Además te deja llevar en cabina una maleta de 8 kilos y un bolso de mano de 5 kilos. El billete costó aproximadamente 1.000 € sin pagar extra por la bici.
  • Alojamientos: albergues (Backpackers), campings, hostales u hoteles. Hay la posibilidad de acampada libre. Existe una aplicación con todos los lugares donde se puede acampar sin pagar y suele haber servicios o incluso duchas gratis.
  • Transporte interior: en Tasmania no hay red ferroviaria, aparte de algún tramo para un tren turístico. Hay un par de compañías de autobús pero no suelen permitir llevar bicicletas. Es decir, una vez estás en Tasmania con la bici toca pedalear.
  • Problemas mecánicos: ninguno pero si los hubiera tenido me habría encomendado a la madre naturaleza. En Melbourne antes de salir realicé la revisión oportuna en un taller. En Tasmania solo hay dos poblaciones donde se puede encontrar un taller, Hobart y Launceston. También te pueden ayudar en Derby porque es el paraíso de la BTT. Por eso es Necesario tener conocimientos mecánicos y llevar lo necesario para solventar algún problema mecánico.
  • Internet: esto sí que es casi inexistente. El wifi solo está disponible en algunos sitios y la conectividad suele ser muy precaria. En toda la zona de las «highlands» no había ni cobertura de teléfono ni wifi. En algunos albergues o campings dicen que hay wifi pero no hay señal. El único acceso fiable es desde las bibliotecas públicas si tienes la suerte de encontrar una abierta.
  • Dinero-tarjetas: conviene llevar dólares australianos porque no siempre aceptan el pago con tarjeta.
  • Coste diario: entre alojamiento, comidas (de supervivencia), alguna cervecita y algún que otro extra imprevisible el presupuesto diario ascendió aproximadamente a 50€-60€ diarios. El alojamiento más caro el de Melbourne. El ferri no es barato (y menos en Navidades que es su verano-temporada alta) pero si coges un vuelo desde Melbourne o Sídney tendrás que pagar por la bici y al final saldrá más caro.
  • Equipamiento: unos 27 kg entre las alforjas donde llevaba la ropa y la comida para cada día y la bolsa estanca donde transportaba la tienda, el saco y la esterilla.
  • El tiempo: se supone que era verano pero tardó en entrar. Además, Tasmania es una isla lluviosa con vientos fuertes y racheados. Si tienes el viento a favor, perfecto; pero yo lo tuve en contra 4 días y costó acabar las etapas. Creo que me llovió 10 días. La costa este suele ser la más seca y a mí es donde más me llovió. El tiempo en Tasmania es impredecible.
  • Cicloviajera y autora: María de la Rubia Gómez-Morán (maria@tradeuro.net). Intérprete de conferencias y traductora por vocación y formación (www.tradeuro.net). Cicloviajera y triatleta en mi tiempo libre para cuidar mi cuerpo y mi mente. Si necesitáis algún consejo o recomendación podéis escribirme. También me encantará saber qué os pareció este artículo.
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