A 1.000 metros sobre el suelo... ¡Probamos el vuelo acrobático!

Nuestro reportero de este mes es de "altos vuelos". Se ha atrevido a subirse a un avión con Cástor Fantoba, campeón de Europa de vuelo acrobático. ¡Toda una experiencia! Él mismo nos la cuenta
Antonio del Pino -
A 1.000 metros sobre el suelo... ¡Probamos el vuelo acrobático!
A 1.000 metros sobre el suelo... ¡Probamos el vuelo acrobático!

Nuestro reportero se sube al avión del mismísimo Cástor Fantoba, campeón de Europa de vuelo acrobático.

*Cástor Fantoba es actual campeón absoluto de Europa, doble medalla de bronce en el Mundial y suma 6 títulos como campeón de España de vuelo acrobático. Es fundador de unlimitedaerobatics.com, empresa especializada en la promoción y difusión del deporte aéreo, con especial hincapié en el vuelo acrobático, embajador de la Marca España, ingeniero técnico aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid, comandante de Boeing 737, 757 y 767, instructor de vuelo y piloto de extinción de incendios.

ATERRIZANDO EN CASARRUBIOS

Aeródromo de Casarrubios. He recorrido cientos de aeropuertos de todo el mundo, pero es la primera vez que puedo aparcar a pie de pista. Me presento en recepción y pregunto por Cástor Fantoba. Percibo ese lenguaje corporal inequívoco, el personal se cuadra y me prestan toda su atención. "¿Tiene usted cita con el Señor Fantoba?". Todavía no era yo consciente de la dimensión del deportista que iba a recibirme.

Uno piensa en un deportista de elite y se le viene a la cabeza Rafael Nadal, Cristiano Ronaldo, Usain Bolt, Haile Gebrselassie, Lebron James, Rich Froning… Recordad bien este nombre y sumadle a la lista: Cástor Fantoba.

El responsable del aeródromo me recibe personalmente y me acompaña hasta un hangar privado. Accedemos a él por una puerta minúscula y al levantar la vista se abre ante mí, veo el paraíso de todo amante de las emociones fuertes. Tres aviones de acrobacias cubiertos por sedosas lonas protectoras. Cientos de herramientas, carburadores, piezas de todo tipo se amontonan en una larga mesa de trabajo. "¡Cástor, ha llegado su visita!". De un despacho lateral sale un hombre con gafas de piloto y gorra con solera, aspecto de tipo duro, entrado en años y se dirige a nosotros en inglés con un fuerte acento ruso. Nos indica que "Mr. Fantoba" nos atenderá en unos minutos. A contraluz y bajo el umbral de la enorme puerta del hangar veo a un piloto pertrechado con un impecable mono realizando algo que parece una coreografía. Tiene los brazos abiertos como si fueran alas, realiza giros bruscos sobre su propio eje, pausas en seco, espera, da tres pasos violentos hacia atrás y todo con los ojos cerrados. Giro la cabeza y encuentro ante mí una mano enorme que agarra la mía y me propina un fuerte apretón. "Buenos días, no me he presentado, soy Nikolai Nikitiuk, el entrenador de Cástor Fantoba. Está terminando su rutina de ejercicios de visualización. Gracias por venir a compartir un día con nosotros." El piloto se detiene, abre los ojos y empieza a caminar hacia nosotros.

Tanta solemnidad hace que inconscientemente espere a un hombre serio y muy protocolario. "¿Antonio?" "Sí, hola señor Fantoba, gracias por recibirme". Una inmensa sonrisa y un cordial apretón de manos acompañado de una contundente palmada en el hombro me dejan un poco desconcertado. "Muchísimas gracias a ti por venir Antonio. ¿Vienes descansado? Porque va a ser un día intenso. ¿Has volado alguna vez en este tipo de aviones? Ya me han dicho que eres un buen triatleta y veo que estás en buena forma. Genial. Me alegra mucho que hayas venido, de verdad que te doy las gracias porque no es fácil encontrar gente dispuesta a hacer este tipo de reportajes".  Superada la barrera de la timidez contesto: "La verdad es que no sé mucho de aviones, bueno, tengo la tarjeta Iberia hasta arriba de puntos, pero imagino que hoy esto no vale de mucho". Cástor ríe con potencia. "Hombre sí tiene que ver, volar siempre es volar…pero es como comparar un autobús articulado con un coche de rally… ja, ja, ja. No te preocupes, es una broma, yo te voy explicando en qué consiste el vuelo acrobático, qué es lo que vamos a hacer hoy y si tienes cualquier pregunta, por favor, no te quedes con ninguna duda, estoy aquí para atenderte. Vamos paso a paso." Pensé: "¡Guau, es la primera vez que un deportista me recibe así, apenas tengo que entrevistarle, solo debo escuchar…y aprender!"

 


LECCIONES  

Tras una fascinante lección de historia acerca del deporte del vuelo de acrobacia en la que Fantoba puso todo de su parte para que un profano como yo pudiera entender los aspectos técnicos más relevantes, llegaba el momento de acercarnos a los aviones. Del motor de uno de los modelos de competición, asoman dos cabezas. Juan y "Coco", dos amigos y compañeros de Cástor Fantoba. "Hola chicos, es Antonio del Pino, viene de la revista Sport Life para volar conmigo." Me reciben con calurosa bienvenida. Luego entendería que no era una falsa percepción, porque de primeras vi que de sus ojos se desprendía cierta compasión contenida. Pregunto: "¿Estáis poniendo a punto el avión para volar? Juan contesta. "Bueno, más bien revisando que todo esté correcto, porque aunque nunca falla nada, la manera de asegurarse de que siga sin fallar es repitiendo una y otra vez el mismo protocolo". Me quedo pensando lo bien que me iría a mí y la cantidad de errores que me han dejado fuera de una competición, si fuera igual de riguroso a la hora de chequear todo el material que uso en mi deporte. Tomo buena nota. Coco dice: "Castor, por favor, haz el vuelo de reconocimiento con mi avión que voy a salir en un rato". De repente, se acaban las bromas, el gesto amigable de Cástor Fantoba desaparece de su rostro, se torna serio y se dirige al avión de prácticas casi como si midiera los pasos (me recuerda un poco a los rituales de Rafael Nadal en la pista) y revisa cada milímetro del avión. Me quedo a solas con Juan y le interrogo. "¿Se encarga Cástor de preparar los aviones?” Juan contesta: "No es su obligación, pero no hay nadie como él para asegurarnos de que todo está perfecto. Entiendo que Cástor Fantoba no es un nombre popular en el deporte de masas, pero ten por seguro que este tío es una leyenda. Es capaz de hacer volar de manera increíble cualquier cosa que tenga alas y con un avión de acrobacia es capaz de hacer y soportar maniobras que para la mayoría de pilotos son inimaginables. Tranquilo, se va a portar bien contigo, es una de las personas más sensatas, brillantes e inteligentes que he conocido jamás… y esas son solo algunas de las claves por las que es tan bueno en esto. Te lo vas a pasar muy bien hoy, pero eso sí, va a ser muy duro para ti y dile en todo momento cómo te encuentras". Tras el chequeo del avión por parte de Cástor y un vuelo corto, toma tierra. La sonrisa ha vuelto a su cara. Coco despega con el avión biplaza con el que luego volaremos nosotros y al ver lo que me espera, el terror se empieza a apoderar de mí. Mirando al cielo, empiezo a imaginarme dentro de esa minúscula cabina soportando maniobras que violan las leyes de lo que yo entiendo como físicamente posible. Coco atiende a las indicaciones técnicas que Nikolai le comunica por radio. "¡Más fuerte, tienes que ser más agresivo Coco! Bien, no está mal, así sí, ¡separa el cuerpo de la mente!" ¿Separar el cuerpo de la mente? La verdad es que hasta el momento solo había entendido el vuelo de acrobacias como una actividad en la que debería de resistir básicamente al miedo o a la impresión, pero este mensaje me estaba sonando ya a deporte de alto rendimiento. 20 minutos después, que es lo máximo que pueden estar realizando acrobacias, Coco toma tierra. Está bañado en sudor, claramente pálido. No es la misma persona.

Soy un deportista experimentado y sé reconocer cuando alguien está reventado. Ese avión le ha dejado extenuado. Pero… ¡si estaba sentado! ¿Cómo puede ser? Tal vez es que no esté en buena forma. Era mi turno, estaba a pocos minutos de descubrir que pilotos como Cástor, Coco  o Juan, son hombres de otra pasta, de esos que están capacitados para practicar el deporte más extremo y radical inventado por el ser humano.

DISCIPLINA

Pensé que Castor Fantoba estaba de broma, que mantenía ese rictus de solemnidad para acabar con una carcajada rematada con una colleja y un "¡pero cómo vamos a tener que usar el paracaídas!, ¿eh bobo?". Sin embargo, no, ahora estábamos frente al avión y la guasa es un registro inexistente desde este momento del vuelo acrobático. Máxima seriedad de Cástor en la explicación de cada paso que exige mi máxima atención y contacto visual, esperando precisión, comprensión y perfecta ejecución por mi parte. "¿Lo has entendido Antonio?", pregunta. "Creo que sí", contesto. "Bien, entonces ahora cierra los ojos y haz lo que te he explicado, como si tuvieras que saltar del avión. Quiero que lo visualices, que mantengas la calma, que pienses que, de tener que saltar, habrá vientos de más de 200 km/h y que no hay una segunda oportunidad para hacerlo bien". Me siento un tanto ridículo, pero con un campeón de Europa prestándome todas sus atenciones, no tengo opción. Repito cada paso, intentando no meter la pata. "Bien Antonio, muy bien. La confianza en este deporte se gana desde la disciplina absoluta y solo nos lo podemos pasar bien volando si confío en ti y tú en mí. Solo podemos despegar cuando estemos seguros de que todo lo que podemos controlar está bajo nuestro control".  

 

Foto: wwww.ismaeljorda.com

 

 FUERZA G

Los deportistas medimos la dificultad y nuestros registros en segundos, minutos, horas, kilos, kilómetros, puntos… en vuelo acrobático todo esto también cuenta, pero el factor de dificultad que más influye aquí es el "G". Tiro de definición: la fuerza G es una comparación entre la fuerza provocada por una aceleración en un objeto y su peso. Mide el incremento de la velocidad de un cuerpo generado por la gravedad. El cuerpo humano está más adaptado a soportar fuerzas horizontales que verticales y su tolerancia depende de la duración, la dirección, el lugar y la postura del cuerpo donde sea aplicada. Subidos ya al avión, arrancamos el motor y Cástor insiste en que iremos poco a poco, que hable con él y que le escuche, sobre todo eso, que por duro que se ponga, que trate de mantener la concentración. Incide en un aspecto. "Cuando ascendamos con fuerza, aprieta con mucha fuerza el core, tienes que mantener la sangre en la cabeza porque la fuerza G intentará bajártela hasta los pies… Si no aprietas todo el paquete abdominal con todas tus fuerzas, empezarás a perder visión progresivamente y si no lo controlas puedes desmayarte. De eso va este juego. Luego, si descendemos en picado, aumenta todo lo que puedas el volumen del vientre, para evitar el efecto contrario." Entiendo sus indicaciones, pero obviamente, entre la teoría y la práctica hay una gran diferencia… solo unos minutos después lo comprendería. La gran potencia de este tipo de aviones y su bajo peso hace que despeguemos en muy pocos metros. Cástor me permite disfrutar de las vistas con un vuelo circular, me indica qué es lo que ellos llaman "la caja", es decir, el espacio aéreo acotado del que disponen para sus maniobras. Tomamos referencias visuales que no debemos sobrepasar. Empezamos con maniobras suaves, giros básicos e inmediatamente después de cada uno, Cástor me pregunta cómo me encuentro. Parece que voy asimilando bien el calentamiento. Empezamos a subir el nivel con maniobras boca abajo, enlazando unas con otras, dejando caer el avión en picado para salir disparados hacia el cielo. Intento mantenerme concentrado pero el cuerpo me va a estallar por dentro. Toda mi vida he preparado mi cuerpo para resistir a pesos y agresiones externas, pero ahora el castigo llega desde las entrañas. Llevamos solo seis minutos y estoy extenuado. No es solo muscular, no es solo cardiovascular, es mucho más profundo. Cástor me da la enhorabuena, supongo que para animarme como a todo el mundo, y me dice que vamos a tomarnos unos segundos para prepararnos para ver cuánto soporto. "Antonio, vamos con un tonel, técnicamente no es difícil, pero aquí se mide lo que soporta tu cuerpo. ¿Estás listo?" Contesto: "Supongo que sí".

 

Foto: Augusto Buzzeo

 

Desde una altitud considerable, descendemos en picado contra la tierra para empezar a efectuar giros circulares. "¿Todavía ves algo Antonio?" Apenas podía hablar, veía como si mirara a través de un rollo de papel higiénico y la desorientación era total… pero todavía me quedó algo de aire para decir: "¡Vale Cástor, páralo ya!", estaba chorreando en sudor, era una sensación de extenuación límite que jamás había sentido. "Muy bien Antonio, has aguantado muchos G´s sin "apagarte". Está realmente bien. Ahora tómate tu tiempo para centrarte y como premio…te toca pilotar. Te lo mereces y es la única manera en la que podrás saber lo que sentimos nosotros, que aunque el cuerpo te abandone, tienes que mantener el cerebro alerta y despierto". Su oferta me generó sentimientos encontrados. Era como si me hubiera tocado la lotería y al tiempo me obligaran a operar a alguien a corazón abierto sin haber puesto en mi vida ni una tirita. "Coge los mandos ya, ahora lo llevas tú. Yo estoy aquí para vigilarte". Lo tenía en mis manos. La sensibilidad de los mandos de esta clase de aviones es como intentar acariciarle la cabeza a una cobra furiosa. Cada insinuación es una reacción explosiva. Cástor me hablaba calmado, me indicaba, más o menos podía mantenerlo estable, pero pilotar con cierta voluntad, en semejante estado físico… Se me amontonaba demasiado trabajo, no conseguía "separar el cuerpo de la mente" lo suficientemente bien como para controlar el avión…y pensar en realizar alguna maniobra exigente con la precisión que lo hacen ellos…inimaginable. Cuarto de hora después tomamos tierra. Lo de menos eran las náuseas mezcladas con los restos de adrenalina que minutos antes encharcaban mis venas. He practicado todo tipo de deportes, he encontrado mi límite y ganado competiciones dando hasta la última gota de mi interior, pero nada me había dejado en semejante estado en menos de 20 minutos. En un estado de notable confusión miro hacia atrás y veo a Cástor tan tranquilo. Había sido un maravilloso shock, una dosis de realidad que me hizo comprender que esto no es un deporte de locos, todo lo contrario, que exige una sensatez y un autocontrol sobrehumanos, que establece que hay deportistas amateur como yo, deportistas de élite y por encima de todos… hombres como Cástor Fantoba.                   

 

Y, ¿cuánto tiempo dedica un piloto de acrobacias a la preparación física? ¿Se puede entrenar para soportar las descomunales fuerzas G o es algo con lo que se nace? Cástor responde a todas estas dudas en la entrevista que le realizamos en este artículo

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