El maratón de San Sebastián de Lourdes... ¡De 45,5 km!

Lourdes nos cuenta su experiencia en el Maratón de San Sebastián, ¡ni un dolor muscular con el método Maffetone!
Lourdes Torres -
El maratón de San Sebastián de Lourdes... ¡De 45,5 km!
El maratón de San Sebastián de Lourdes... ¡De 45,5 km!
Preparando un Ironman con Phil Maffetone
Preparando un Ironman con Phil Maffetone (blog de Lourdes Torres)

“Practicar la larga distancia es como jugar al ajedrez, se gana con el músculo de la cabeza. De nada sirve estar fuerte físicamente si no tenemos una mente bien nutrida.“

Dos semanas más tarde escribo esta crónica, "Maratón de San Sebastián 2017"

¿Quién no se enamora de San Sebastián, solo llegar a esta ciudad?

Fantástico destino, sin dudarlo, pero desde luego no me podía llegar a imaginar lo que me esperaba.

Esta vez me acompañaba Camila, (mi hija) y Aline, una amiga de Camila de la universidad. Salíamos el sábado a las 9:00 de la mañana destino Lekumberri para comer en el asador Epeleta, cita indispensable si se viaja al Norte. Ya a 45 minutos de San Sebastián y después de haber disfrutado mucho a la hora de la comida nos subimos al coche y nos fuimos corriendo” a buscar el dorsal. Una vez dorsal en mano, nos fuimos al apartamento que quedaba a unos 4 km de la salida de la maratón. Había reservado parking al lado de la salida de la maratón, con lo cual, al día siguiente bajaríamos temprano en coche para después dirigirnos a la salida caminando unos 15 minutos, pero no esos 4 km que había desde el hospedaje hasta la salida.

En San Sebastián, llueva o no llueva es precioso y parecía que sí iba a llover, pero dentro de todo, el tiempo respetó a los corredores dejando caer solo unas cuantas gotas sin mucho espaviento.

Tiempo reglamentario de carrera: 5 horas. No es que pudiese ir con la mano en la cintura, pero sí con el máximo convencimiento de correr la maratón en 4h 40 o 4 h 45, pero no más. Llevaba el entreno en las piernas para poderlo afrontar en este tiempo. Mis maratones no son, ni serán de la velocidad de un rayo, teniendo este punto en cuenta, siempre me he movido en estas cifras (menos en las maratones de los Ironmans) y mi mejor marca fue de 4h 26 en Barcelona.

Arranca la carrera y ¿yo donde estoy situada? En los últimos cajones de salida, respetuosa, como no puede ser de otra manera con el lugar que me corresponde si mi tiempo está en estas cifras.

Hasta la media maratón voy, no bien, muy bien, feliz, muy feliz de haber venido, de compartir fin de semana con mi hija y Aline, de ver lo bien que me encuentro y fuerte que me siento. Todo estupendo. Insisto, con un entreno para poder afrontar bien la maratón. No ha sido una prueba donde lleve meses y meses preparando en cuerpo y alma, como lo fueron los Ironmans. Pero, siempre hay un pero, esta vez no había un estimulo mental de fuerza mayor. Hay veces que uno va a las pruebas y notas que estás empoderado, por haber sido disciplinado, por haber cumplido con los entrenos, por mimar cada detalle, por saberte preparado, no sé, llegas empoderado y eso te da mucha fuerza mental.

En esta ocasión, iba sin música por primera vez, a ratos sí la eché de menos.

Había pasado a algunos corredores, un grupo de mujeres francesas, de mi edad aproximadamente, a otro grupito de alemanes, a personas que iban solas. En el km 32 normalmente aparece el muro. Yo, la verdad es que no me encontré con el muro, me encontré con una buena sorpresa en el km 34, me giro para mirar hacia atrás, tenía malas sensaciones, había algo que no me cuadraba, pero no sabía lo que era, volteo la mirada y veo cómo el coche escoba se acerca en la lejanía. ¿Perdón? ¿El coche escoba? En ese instante me pasa la liebre de 5 horas. ¿Qué os podéis imaginar que se me pasó por la cabeza? ¿Cómo? No entendía nada, pero nada es nada. Mi reloj me indicaba que estaba todo bajo lo previsto, se acercaba el coche escoba, me pasó la liebre de 5 horas. Aquello hizo mella en mi mente. Pero claro, el que no se anima es por que no quiere. "Lourdes, las liebres en San Sebastián van fatal, no se ajustan en nada al tiempo” me dije sin más.

En el km 35 nada más estaba detrás de mí el coche escoba, se le unieron una ambulancia, coche de policía, dos motoristas y voluntarias en patines que se me acercaron y empezaron a decirme que venga, que corra, que falta poco y que si no voy más rapidito que me sacan de la carrera :(

Os voy a ser muy sincera, creo que siempre lo he sido y hoy es un día para seguir siéndolo. Me enfadé muchísimo, mucho, paré de correr de golpe y le pregunté a las voluntarias ¿qué que significaba lo que me estaban diciendo? Les argumenté que estaba en tiempo, que podía correr perfectamente (ningún síntoma de debilidad, es así) tampoco de velocidad extrema pero no era una cuestión de debilidad, era cuestión de tiempo y yo veía que llegaba en esas 4h 45 que tenía previsto.

Ayayay amiga, es que son cinco horas desde que sale el primero y el ayuntamiento da prisas para que se cumpla este horario. “¡Vaya por Dios!” Por fin lo entendí. De hecho del km 35 al 42 corrí mucho más rápido, de 7m/km a 6;30m/km, dato que reforzaba mi sensación de poderlo hacer bien en mis tiempos previstos.

En el km 38 decidí que no, que quedaban 4 km, que estaba fuera de carrera y que no, que no seguiría. ¿para qué? No tengo que demostrarme nada, no supe ver en la web lo de las cinco horas de tiempo reglamentario desde el momento que sale el primer corredor, lo que fuere, estaba muy enfadada.

Camila me miró a los ojos, me cogió de los hombros y sin temblarle la voz me dijo: “mami, ni se te ocurra no acabar la carrera, tu corres hasta la meta, llevas 38 km, ¿por cuatro kilómetros no vas a llegar, aunque estés enfadada?” Me lo dijo con tal rotundidad, que obedecí, sin más a Camila.

Pero claro, ¿Qué había pasado? Al sacarme de la carrera siendo la última, a medida que el coche escoba desaparecía en el horizonte, también desaparecía el recorrido.

Sí, di bastantes vueltas por San Sebastián antes de encontrar la meta, unas cuentas vueltas que se resumen en tres km y medio de más. Acabé la maratón en 45.5 km.

Pasé por la meta justo antes de que la quitaran, perdí mi medalla, no quedaban, me dieron una que estaba grabada con el nombre de un anónimo que nunca pasó a recogerla, quizás se quedó también a pocos km de la meta. La organización se comprometió en enviarme una sin que estuviese grabada.

Aparte de este culebrón de maratón, he de contar que ni una articulación me pestañó, ni hubo músculo que diera síntomas de cansancio, de malestar, dolor, calambre o lo que fuere. Y esto sí que me empoderó, notarme en perfecto estado físico hace que me sienta feliz, porque significan muchas cosas. La principal que estoy fuerte y saludable, al fin y al cabo siempre lo hemos dicho, es lo que buscamos, no llegar a cualquier precio.

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