Tony "El nevera" y otros recuerdos del Maratón de Londres

El domingo llega el Maratón de Londres y me ha hecho recordar que hace 365 días yo tuve la gran oportunidad de vivir desde dentro esa gran carrera que termina justo enfrente de la "casita" de la Reina de Inglaterra. Fue todavía más especial porque por entonces mi familia vivía en Inglaterra y allí estuvieron acompañándome. Aquí os comparto la historia que escribí sobre toda la aventura de correr el maratón (que empieza meses antes del disparo de salida) con mi deseo de que los que vais a estar este año en Londres para hacer los 42'195 km en la ciudad del Big Ben disfrutéis tanto la carrera como lo hice yo.
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Tony "El nevera" y otros recuerdos del Maratón de Londres
Tony "El nevera" y otros recuerdos del Maratón de Londres
El pez chico se come al grande
El pez Chico se come al grande (blog de Fran Chico)

“No sé si me gusta más el periodismo que el deporte o al revés. He tenido la suerte de vivir en los dos mundos durante los últimos 30 años. Y espero no perder nunca el espíritu deportivo para afrontar la vida.“

El domingo llega el Maratón de Londres y me ha hecho recordar que hace 365 días yo tuve la gran oportunidad de vivir desde dentro esa gran carrera que termina justo enfrente de la "casita" de la Reina de Inglaterra. Fue todavía más especial porque por entonces mi familia vivía en Inglaterra y allí estuvieron acompañándome. Aquí os comparto la historia que escribí sobre toda la aventura de correr el maratón (que empieza meses antes del disparo de salida) con mi deseo de que los que vais a estar este año en Londres para hacer los 42'195 km en la ciudad del Big Ben disfrutéis tanto la carrera como lo hice yo.

 

"Yo siempre digo que ya he corrido los maratones de esta vida y de la siguiente. A mis 46 años tengo la sensación de estar dejándolo pero siempre hay uno más. Llevaba 24 maratones en mis piernas y después de que 2013 fuera un año en blanco, el primero en muchos sin enfrentarme a esa temida pero mágica distancia de los 42’195 km, para mis bodas de plata para corredor de fondo buscaba algo especial. Y pocos maratones mejores para esta celebración que Londres, los mejores corredores del mundo en la salida (se permiten lujos como este pagar al legendario Haile Gebreselassie para que hiciera de liebre hasta el km 30), 50.000 participantes, más un millón de espectadores (que en este caso la palabra no está bien usada; son animadores y de los mejores). El hecho de que este año mi familia resida en Cambridge también ayudaba en la decisión por tener casa cerca. Después de un verano sin nada de running, me planteé el objetivo a primeros de octubre (el maratón era el segundo domingo de abril). Para ir conociendo el terreno, aproveché un viaje para participar en el Medio Maratón de Londres, el conocido como los dos parques. Una carrera que recomiendo totalmente para un fin de semana de turismo y deporte en la capital inglesa. El recorrido es incluso más céntrico que el del Maratón (por ejemplo, pasa por Trafalgar Square y corres por Hyde Park, algo que durante los 42 km no se hace).

Se llama Royal Parks Half Marathon (www.royalparkshalf.com) y Sport Travel (www.sportravel.es), la agencia especializada para corredores, organiza un viaje en grupo. Allí tuve mi primer acercamiento al lío que supone correr “en millas”. El GPS es una solución para poder controlar el ritmo por kilómetro al que vas, aunque en el maratón me hice con esa de esas pulseras que te marcan, de acuerdo a un objetivo (yo cogí la de 3:30), tu paso por cada milla. Yo siempre he hecho un medio maratón como punto de partida del entrenamiento para ver el nivel de forma en el que comienzo. Y aquí vi que tenía trabajo por delante. Se notó lo de correr apenas cinco veces en los últimos tres meses (había nadado casi a diario y pedaleado frecuentemente, buena parte de las veces con mis hijos de 13 y 8 años). Hice 1h 33 (las últimas cinco veces que había hecho la distancia había hecho 1h 28 o menos) aunque con una sensación final buena.

Como quedaba mucho para el maratón y no quería que se me hiciera largo el entrenamiento, me puse un primer objetivo de una carrera de 10 k y ya pasadas las Navidades empezaría con el maratón. Con entrenamientos muy intensos (prácticamente correr una carrera de 8 km con los compañeros de trabajo un par de veces a la semana a la hora de comer; algo en absoluto recomendable y que tiene alto riesgo de lesión y más aún de estancarte por no poder asimilar tantos kilómetros al máximo) pero mi cuerpo aguantó y recuperé mi mejor forma rápidamente y a primeros de diciembre bajada de 38’ 40” en 10 km. Dentro de esta fase pre-maratón corrí en Tres Cantos los 15 km (en poco más de una hora) y como punto final tenía previsto hacer el Medio Maratón de Getafe (último domingo de enero) para ver hasta dónde había mejorado antes de empezar con el plan específico de maratón y así ver cuál podía ser en Londres un objetivo razonable.

Y entonces llegó la gripe. El viernes por la noche empecé a notar que me ponía malo, el sábado ya tenía fiebre pero, error de principiante, pese a todo quise correr en Getafe y fue un grave error que pagué caro. En carrera, pese a salir conservador, desde el km 14 ya no podía más, en el 18 me tuve que parar a toser y entré en meta (terminé por ese orgullo mal entendido de no haberme retirado nunca de una carrera) cuando reloj iba por 1h 34 reventado física y moralmente. Tuve que tomar antibióticos para recuperar y necesité tres semanas completas para recuperar mi salud y poder volver a correr. Directamente había perdido el mes más importante, en el que debía haber hecho los rodajes largos, trabajado la fuerza en el gimnasio…

Me quedaban siete semanas para el maratón y de cara a entrenar tenía que descontar las dos últimas en las que ya bajas el entrenamiento para llegar al maratón descansado. Era una época de mucho trabajo y viajes, pero me pude sacar cuatro días a la semana para correr; lo que no tuve tiempo fue para hacer rodajes largos. Sólo tres días pasé de una hora junto a mi compañero de trabajo Javi Gavela (que corría el maratón el mismo día que yo pero él en Viena), un par de ellos con madrugón por el Retiro de 1h 15 y un mediodía que con un viento tremendo nos fuimos desde la oficina de Atocha hasta la M50 por el camino que va pegado al río Manzanares (ir y volver son poco más de 20 km y nos llevó casi 1h 45’). El último test pre-maratón fue correr la Media de Cambridge (recorrido a dos vueltas completamente llano): 1h 27 pero terminando un poco justo los últimos dos kilómetros.

Errores del entrenamiento los de siempre (para desesperación de nuestro entrenador en Sport Life y olímpico en maratón Rodrigo Gavela): nada de ejercicios de fuerza (este año además sin la buena alternativa para trabajar la potencia que es entrenar con la bici el fin de semana o al menos de correr por la montaña subiendo cuestas) ni tampoco nada de ejercicios de técnica de carrera y demasiados piques con los amigos (y mira que le he oído decir a Rodrigo lo de “las carreras sólo con dorsal”). Para completar el carrusel de fallos maratonianos, el día anterior, en lugar de estar en el hotel descansando con las piernas para arriba, me doy un buen paseo turístico por Londres. Al menos cumplo con lo de tomar líquido. Me bebo un par de botellas de litro y medio y mi orina es completamente transparente, un indicativo de una correcta hidratación.

MAS QUE UNA SALIDA, EL RECREO DE UN MANICOMIO

El maratón de Londres es algo gigantesco. 50.000 participantes que llegan a la salida (situada al lado del meridiano de Greenwich) en barco (está justo al río Támesis), en tren o en autobús. Yo dormí en casa de unos amigos que estaba muy cerca pero no me quitó un buen paseo de 2-3 km hasta la salida. Antes había desayunado tres horas de la salida (era tarde, a las 10 de la mañana), lo habitual en mí antes de un maratón: yogur con mermelada y frutos secos, una manzana y un té. Hay tres salidas. A mí me tocó la más pequeña, la verde, éramos menos de 6.000 corredores pero era la más especial. En Londres se potencia que la bajaba vaya disfrazaba y se les da un sitio especial y era en la salida verde. No os podéis imaginar lo que había allí: gente disfrazada de hipopótamo, de astronauta, de piloto de bobsleigh (con vehículo incluído), un tío en tanga… pero el que se llevaba la palma era Tony The Fridge (“El nevera”). ¡Un hombre que iba a correr el maratón con una nevera de 40 kilos en la espalda! Luego me enteré que es muy popular en las carreras inglesas. Para homenajear a su abuela, víctima del cáncer, y recaudar dinero para su investigación, un día se dijo que tenía que buscar algo que representara corriendo “que el cáncer es una viaje con una terrible carga”. Y como estaba acostumbrado a correr con mochila, le puso unas correas a una nevera y se apuntó a un medio maratón. Y eso fue sólo el comienzo: con la nevera a cuestas hizo 30 medios maratones en 30 días y cruzó Gran Bretaña (casi 1700 km) en apenas 40 días. En Londres se había propuesto hacer cuatro veces el maratón en 24 horas. Acabó el primero en menos de 6 horas y se fue en metro de nuevo a la salida; terminó el segundo pero la deshidratación y los vómitos le hicieron desistir a la mitad de su hazaña.

El día ha salido muy soleado y va a hacer calor. Decido salir con camiseta de tirantes y ni siquiera llevo los manguitos que tenía preparados. En la hora anterior de la salida me tomó un par de barritas saladas de las que hace artesanalmente mi amiga catalana Lourdes y me bebo una botella pequeña de agua y otra de bebida isótonica. Un pis, desear suerte a mi mujer Yolanda que también se enfrenta al reto (menudo mérito el suyo con las dos rodillas operadas) y para el cajón de salida que quedan cinco minutos. Se da la salida y me recuerdo que me he prometido salir tranquilo; no tengo muy buenas sensaciones y por eso me pongo el objetivo conservador de hacer 3h 30. Los primeros kilómetros son estresante; aunque somos pocos las calles son estrechas. ¡Y en medio de todo ese lío veo a un corredor que va corriendo mientras va golpeando una pelota de fútbol! En meta le ví y fui a felicitarle. Era un corredor escocés que hablaba un inglés supercerrado y al que sólo pueden entenderle que había intentando batir el record Guinness de maratón jugando al fútbol pero estaba triste porque había fallado por 10 minutos (atentos que hizo poco más de cuatro horas en su “Messi maratón”). En el kilómetro 10 ya nos habíamos juntado con los corredores de las salidas azul y roja y ya éramos una marea de runners invadiendo las calles de Londres mientras miles de personas animaban en todas las calles. Me sorprendió ver lo volcados que estaban los espectadores; sólo en el maratón he visto algo parecido. maraton london2 Poco a poco y según nos vamos acercando al centro me voy encontrando mejor. Me emocionó en el momento de pasar corriendo por el Puente de Londres y poco después pasamos el medio maratón (1h 38). En una zona que es idea y vuelta podemos ver a los primeros. Es impresionante al ritmo al que van, por debajo de 3 minutos/kilómetro (en meta iban a batir el récord en Londres con 2h 04’ 29”); me sorprende ver que Mo Farah, el favorito, va claramente descolgado (acabaría 8º a cuatro minutos del ganador). Los avituallamientos merecen un capítulo aparte. En España tenemos la obsesión de valorar una carrera por los regalos que nos dan. Aquí sólo daban una camiseta en meta, de finisher, en algodón y en talla única (a mi me quedaba como un pijama); lo que pagas con la inscripción es una formidable organización con avituallamientos cada milla en la parte final. Hay dos específicos en los que puedes coger un gel (el primero en el km 25 y el segundo a 5 km del final). En el primero me tomó sólo la mitad del gel (error que pagaría luego) y es que a partir del km. 30 empecé a notar como mis fuerzas empezaban a abandonarme rápidamente (junto a algún amigo de tirón en los cuádriceps para que no falte de nada). Pasé 4-5 kilómetros de verdadero sufrimiento; paso a ir a más de 5 minutos por kilómetro y ni así consigo hacerlo más llevadero. Me pongo una meta cercana: aguantar hasta el avituallamiento dónde dan el segundo gel. Allí tengo decidido parar, tomar el gel y beber una botella de agua completa para asimilarlo bien. Así lo hago y reanudo la marcha. Me hace un efecto milagroso: al kilómetro empiezo a recuperar mi zancada y coincide con la parte final que va hacia el centro de la capital inglesa. MaratonLondresCon el London Eye (la noria gigante) y el Big Ben ya a la vista, parece que el viento me vuelve a dar a favor. Los últimos 3 kilómetros, los que llevan hasta el Palacio de Buckhingham, son los que hago más rápido del maratón. Incluso puedo hacer un sprint para bajar por tres segundos de 1h 27. Al cruzar la meta de 25 maratón tengo la extraña sensación de haber podido ir más rápido pero a la vez dando las gracias por haber podido terminar con esa alegría con lo mal que lo había pasado sólo unos kilómetros antes; pero todo se borra cuando una vez más vives el momento mágico en que un voluntario te cuelga la medalla de finisher. Entonces cada kilómetro entrenado merece la pena. london Por Fran Chico @franchicosport

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