Sport Life te cuenta las vivencias de los "héroes", personas que han creído en el deporte para superar las dificultades de la vida
La historia de Sonia
Santander Vallestín, una maratoniana a la que no pudo parar ni una embolia
pulmonar. Sonia se llevó el peor susto de su vida 3
días antes de su primera maratón, casi no lo cuenta y los médicos nunca
pensaron que pudiera volver a correr, pero allí estaba ella para demostrar que
todo es posible si tu mente es maratoniana. Y así 3 años después ya ha corrido
3 maratones y unas cuantas medias y carreras, bajando su marca cada vez y sin
dejar de sonreír. ¿Quién dijo que su corazón no lo aguantaría? Sonia: 'Llevo corriendo en serio desde el 2005. Siempre me gustó el deporte,
hice artes marciales y corría alguna mañana por mi playa, en mi soleada Cádiz
natal. Todo empezó en serio cuando un día el amor llamó a mi puerta y me fui a
vivir a Zaragoza con Fran, un deportista de toda Y eso hice, poco a
poco mi crono iba bajando, hasta bajar de 2h, y cada vez me llenaba más correr.
Llegó el 2007 y me tocó irme a Oxford (Inglaterra) con mi trabajo de bióloga. Allí
me machacaba; me encantaba evadirme por aquellos parajes de cuento encantado: castillos,
bosques verdes, riberas floreadas? Daba igual si llovía, venteaba o hacía frío,
yo me calzaba las zapas todos los días
para un mínimo 15km. En septiembre del 2007 regresé de nuevo a España y me
apunté a la I maratón de Zaragoza,
tan sólo para acabarla. Pero presentía algo, y no me daba buena espina,
conforme se acercaba la fecha le decía a Fran que algo no iba bien en mi mente,
que tenía miedo, un miedo innato a morir, sí, raro ¿tan joven? como que mi
cuerpo me mandaba señales de aviso. Y llegó el 26 de septiembre del 2007,
miércoles, el domingo 30 era el maratón?pero no llegué. Ese día todo se cruzó,
el destino así lo quiso. Camino del trabajo me
quedé sin respirar y me caí al suelo, la sangre no llegaba a mis piernas, el
corazón me hacía cosas raras, no perdí la consciencia en ningún momento. Tuve
mucha suerte porque trabajaba en el Hospital Clínico de Zaragoza y estaba en
frente cuando me pasó. De ahí a boxes de vitales, no sabían que tenía, mis
constantes vitales apenas respondían, estaba azul, tiritaba, mi corazón no respondía,
la sangre no circulaba, pensaron en un infarto, no paraban de darme cosas,
entubarme. Mi jefe de entonces (médico del clínico) me miraba y salía fuera con
mala cara, imágenes que se te quedan grabadas, muy joven para ser un infarto
decían, ya en la UCI me dijeron qué tenía: una
embolia pulmonar bilateral. Nunca
supieron el porqué. Pasó y ya está. Yo
lo único que les decía era que si esa tarde me iría ya a casa, que tenía que
descansar bien para correr el I maratón de Zaragoza. Los médicos no salían
de su asombro, y me decían -sí, hija, sí, ya veremos- pero evidentemente no
pudo ser. Ese domingo estaba triste porque mi primer maratón se había visto
frustrado. No me importaba lo demás, ni estar en el hospital (hasta que no salí
no fui realmente consciente de toda la gravedad del asunto). Fran me ayudó
mucho, y decidió ir a correr su primer maratón, por mí, para dedicármelo y al año
siguiente correríamos los dos. Sentí que estaba corriendo con él. Mi mente desde
la cama del hospital estaba allí a su lado, en su agonía, el estaba mucho más
triste que yo, él era el que vivía todo, yo no era consciente. Al tiempo salí y
vuelta a casa, a una casa a la cual las escaleras se me hacían eternas, no
tenía fuerzas para salir ni a dar un paso, me ahogaba, se me aceleraba el
corazón, en reposo tenía mas de 100 ppm. En cuanto hacía cualquier cosita, se
me disparaba. Los médicos me dijeron que
me olvidase de correr, que la parte derecha de mi corazón se había quedado
bloqueada por la embolia y que no sabían si sería reversible o no. Se acabó el correr en mi vida. Pero me negué a ello. No podían
quitarme parte de mi vida así como así, no ocurriría. Me dije que si salía de esta y volvía a correr, correría maratones,
soñaba con eso, sonreía cada vez que me imaginaba acabando un maratón. Puse todo
mi empeño y toda mi energía y los ánimos de mi chico, de nuestras familias. Todos
me apoyaban a que empezara de nuevo, poco a poco, si había un retroceso, volvíamos
a empezar. Y en marzo del 2008 ya empecé a andar rapidito, y de ahí a hacer los
Con mi historia sólo me queda decir que ÁNIMO
a todos, que lo importante es ir buscando sensaciones al correr, no los tiempos
ni los cronos, y no dejar de sonreír nunca en carrera.' José Carlos Ferre y su hija Maria