Los niños se mueven por motivaciones, por lo que es muy recomendable buscar aspectos de la actividad que vayamos a realizar que enganchen en el ánimo de los niños.
Desde algunos días antes del evento podemos ir recordando la fecha y que es lo que van a hacer, comprobaremos rápidamente como crece el entusiasmo a medida que nos aproximamos al día de la actividad.
Otro aspecto importante es el número de niños. Normalmente los niños que van solos con sus padres suelen mostrarse más caprichosos y se suelen cansar antes, el contar con un hermano puede paliar en parte esta situación, pero cuando realmente vamos a ver a nuestros niños disfrutar es en grupo, por eso planteamos que les acompañen amigos, compañeros del colegio, vecinos.
En ocasiones la verdadera cortapisa para salir a pasar un día, un fin de semana, etc., más que la distancia, es la incomodidad que representa para algunos niños pasar tanto tiempo metidos en un coche, por ello aconsejamos la utilización de un medio de transporte público siempre que se pueda. Este medio permite más libertad de movimientos, los viajes son mucho más entretenidos, ya que los padres interactúan más con ellos y la misma presencia de viajeros les hará diferente y mucho más entretenido el viaje. No son los padres quienes les llevan sino un tren un autobús. Muchos niños percibirán estos trayectos de viaje como parte de la aventura, y así además se suprime ese "tiempo muerto" que es muchas veces lo que inquieta a los pequeños. En estos viajes habrá tiempo para juegos, conversaciones y para disfrutar de su compañía.
Es interesante mantener a los niños bajo el influjo de las novedades que van a vivir, en forma de descubrimientos, retos, sorpresas o situaciones agradables, para ello será bueno recordarles que elementos de su interés vamos a encontrar durante la actividad.
Otra estrategia para convertir la actividad en una verdadera aventura, es la de plantearles retos, lógicamente pequeños retos, adecuados a la edad de cada uno y a sus intereses.
Siempre que los niños estén disfrutando de las actividades sin nuestra intervención y siempre que no comprometa su seguridad, será mejor mantenerse al margen. Solo cuando observemos que se aburren o se muestran desorientados debemos intervenir.