Te explicamos cómo seguir las reglas de la nutrición las 24 horas del día sin perderte ni un minuto
Si sabes lo que debes comer cada día ¿por qué no consigues que tu alimentación sea equilibrada? Sabes mucho
de nutrición, puede que seas un verdadero experto en alimentación deportiva y estés al día de los últimos
estudios científicos. Sin embargo, es difícil pasar de la teoría a la práctica del día a día, porque lo que comes
diariamente, en cada momento, es lo que marca la diferencia. No te pierdas y haznos caso. Te damos un "día
perfecto", para que sepas cómo alimentarte "a lo campeón".
Seguro que muchos de vosotros empezáis el día con un buen desayuno
energético para deportistas, pero coméis una ensalada rápida para no
perder tiempo en el trabajo y la cena se reduce a un yogur y una manzana
para no engordar. Al final del día os vais a la cama con la conciencia
tranquila, pensando que estáis siguiendo una dieta sana, pero al día
siguiente os falta energía, y vuestro peso no ha bajado un gramo, y eso
que estáis sacrificándoos y pasando hambre.
¿Dónde está el problema? En
que para comer bien hay que comer bien todo el día ¿Cómo? El truco
principal está en comer muchas veces, repartiendo la ingesta de calorías
en 5 ó 6 comidas pequeñas a lo largo de la jornada, pero hay muchos más
consejos que seguro que apreciarás. Aquí los tienes.
1. No pases hambre
El primer y mejor consejo para tener una nutrición optima a lo largo del día es nunca
dejar que tu cuerpo sienta demasiada hambre. Tener hambre es una condición
fisiológica anormal que puede poner patas arriba todo tu organismo. Entre otras cosas
te puede crear la falsa necesidad de hacer acopio del tipo de alimentos
menos recomendables, aquellos que están llenos de grasas y azúcares.
Si buscas reducir tu consumo de alimentos con un alto contenido
en azúcares y grasas debes reemplazar estos por alimentos más
políticamente y nutritivamente correctos. Para conseguir
que tu cuerpo acepte este nuevo rumbo en tu alimentación
nunca debes olvidar que el hambre es el enemigo.
2. Respeta el tiempo de la comida
A menudo ponemos excusas a la hora de comer,
especialmente por la falta de tiempo, pero si somos
honestos con nosotros mismos enseguida
comprobaremos que esto no es así. El problema está en
si comer bien es o no una de nuestras prioridades.
Igual que sacamos tiempo para trabajar, dormir, ir al
gimnasio o salir de copas con los amigos, debemos
encontrar el tiempo para sentarnos a comer. Es una
forma de ser más responsables con nuestro cuerpo,
concediéndole la atención que se merece.
Si eres de los que llevan su agenda al día, prueba a incluir
entre tus obligaciones para cada jornada el desayuno, la comida
y la cena, dándoles la misma importancia que la reunión de la
mañana o el encuentro de por la tarde.
3. Rodéate de comida sana
Tan importante como saber escoger los alimentos
adecuados es tenerlos a mano cuando los necesitas.
Por ello la compra es un momento clave en el
desarrollo de tu plan de nutrición. Ármate de una
buena lista de la compra (como la que te
sugerimos en este artículo) antes de salir, para
conseguir hacer tu desayuno, comida y cena
de campeones a diario. Las buenas
intenciones no sirven de nada si al
despertarte por la mañana para preparar el
desayuno no tienes los ingredientes
básicos para que este sea sano, como unas
naranjas de zumo, leche desnatada o
cereales integrales. También es más fácil
resistirte a la tentación de acabar con el
bote de helado si este no existe en tu
refrigerador o si tienes una opción
más saludable como yogures frescos
para beber. Te recomendamos que
hagas la compra con el estomago
lleno para evitar llevarte lo que
no necesitas.
4. Desayuna a diario
Cuando empiezas el día con un buen
desayuno le estas dando a tu cuerpo todo lo
que necesita para restablecerse después del
ayuno nocturno, previniendo la aparición del
hambre de la que ya hemos hablado, y
consiguiendo así empezar la jornada con buen
pie, ya que si tienes el estómago lleno tendrás
menos posibilidades de perder el norte por un
pastel o una golosina. Pero los beneficios no sólo
se notan a corto plazo. Varios estudios han
demostrado que los que desayunan a diario también
suelen ser más longevos y saludables que aquellos que
prescinden de hacerlo.
Algunos deportistas creen que si entrenan por la mañana
es mejor no desayunar para conseguir así quemar grasas,
incluso algunos llegan a no cenar el día antes para
entrenar en ayunas completamente. Estas técnicas valen
para los "profesionales" que necesitan mantenerse "finos" y
aumentar el nivel de resistencia, pero ellos siguen un control
médico y pueden descansar después. Para los que tenemos que
trabajar después, no es una opción recomendable. Si sigues esta
técnica, llegarás al trabajo agotado y muerto de hambre, por lo
que terminarás comiendo lo primero que tengas al alcance de
tu mano. Si quieres perder peso, empieza por desayunar
bien, porque está demostrado que las personas que
desayunan cada día viven más años y con
menos problemas de salud.
5. Come antes de entrenar
Hay deportistas que temen comer antes de entrenar por posibles problemas
gastrointestinales durante o justo después de un entrenamiento. Estos miedos, que
se han convertido en una especie de leyenda urbana, son infundados. Pero si has
tenido experiencias desagradables pasa al punto 6.
Los estudios científicos han demostrado que lo más eficiente es consumir
entre 200 y 300 calorías de una a dos horas antes de entrenar o competir.
Esta comida de preparación no sólo te rellena el tanque de energía sino
que también te ayudará a sobrellevar mejor o a evitar el bajón que ocurre
inmediatamente después.
6. Intenta planear tus comidas
Si eres miembro del club de los estómagos delicados y la comida te repite
de forma desagradable durante tu entrenamiento, tienes que ser creativo a
la hora de repartir tus comidas. Experimenta con diferentes porciones y
tipos de alimento antes de entrenar para descubrir qué es lo que te está
sentado mal y eliminarlo. Si el problema es serio, acude a un endocrino
para que te realice una prueba de intolerancia alimentaria, así podrás
conocer los alimentos a los que eres más reactivo o intolerante, y
eliminarlos de tu dieta. A veces puede ser una simple cuestión de en qué
momento del día tomas cada cosa, así que experimenta también con los
horarios de tus comidas y con cambiar ciertos hábitos. Por ejemplo, que te
siente mejor tomar leche por la noche en vez de a primera hora de la
mañana. Si sigues este proceso sueles poder desenmascarar al culpable de
tanto sufrimiento y conseguir superar el tema.
7. Pierde peso kilo a kilo
No te lances a una dieta salvaje, tienes más posibilidades de salir
victorioso si tu dieta es menos draconiana ya que tu cuerpo no se rebelará.
Como ya te hemos explicado, si dejas que tu cuerpo se sienta hambriento
te resultará más difícil resistir a las tentaciones y tomar decisiones sanas a
la hora de escoger lo que comes. Por eso si reduces en 200 calorías lo que
consumes a diario (unas cuatro galletas con chocolate) en vez de en 500,
te resultará más fácil mantener la dieta durante más tiempo, perdiendo así
a la larga más peso. Haciendo este pequeño ajuste que ni siquiera se puede
llamar dieta, conseguirás adelgazar unos 8 kilos de grasa en un año. (Es
una simple cuestión de matemáticas ya que cada gramo de grasa son 9
calorías).
8. No te pongas metas imposibles
Nadie es perfecto, así que no intentes serlo tú. Ocasionalmente puedes
tomar una galleta, unas patatas o una hamburguesa. En una buena dieta tienen cabida todo tipo de alimentos. El truco está
en aprender a comer menos de aquellas cosas
con un aporte nutritivo menor, como por
ejemplo no terminarte las patatas fritas que
vienen con tu filete o escoger un helado
pequeño en vez de la especialidad de la
casa.
Incluso algunos deportistas creen seguir
una dieta casi "perfecta" a base de mucha
fruta, vegetales, ensaladas y cereales
integrales a lo largo del día, pero están
equivocados, porque una dieta equilibrada
debe incluir proteínas de alta calidad,
grasas sanas y productos lácteos.
9. Aprende de la vida
Si sigues un diario de tus comidas (sin olvidarte
de los errores) lo más seguro es que te des
cuenta de cómo te descontrolas el día que no
comes a tu hora, o que sientes demasiada hambre
cuando entrenas sin haber comido. En ambos casos tu
error te conduce a ir a lo más fácil y rápido, muchas veces
alimentos poco nutritivos y llenos de calorías. Te darás cuenta
también que cuando tu nevera esta llena de los alimentos correctos
te resulta más fácil seguir una dieta equilibrada y que cuando comes
a las horas justas sientes luego menos ganas de tomarte algún
capricho. Comer no es una ciencia exacta, debes encontrar tu propio
equilibrio. Ya verás como siguiendo este plan todo resulta más fácil.
¿Cuántas calorías necesitas cada día?
La lista de la compra más lista