Las frutas y las hortalizas ofrecen infinidad de posibilidades para nuestros platos
Innovar en la cocina es un arte al servicio del paladar
donde los cocineros convierten sus platos en auténticas obras de arte. Un ejemplo de esta mezcla de alimentos típicos y exóticos sería
una ensalada con brotes de soja. La soja es originaria de los países
orientales, y si se añade a la preparación de una ensalada de lechuga, tomate,
zanahoria y cebolla conseguiremos darle un sabor muy diferente. Otra forma de innovar en nuestros platos tradicionales es la
sustitución de sus ingredientes por frutas y hortalizas. Así podemos encontrar,
por ejemplo, como en vez de pasta para hacer ravioles, canelones o lasaña se
preparan con láminas de patatas, zanahorias, calabacines... Más novedades nos depara
la gastronomía molecular, donde los platos son preparados de una manera muy
singular porque se aplican principios de física y química a su elaboración. Esta tendencia gastronómica esta ligada a la cocina de autor, porque son los
cocineros los que buscan, a través de estos procedimientos químicos, producir
transformaciones en los alimentos creando espumas, gelatinas que embellecen la
presentación de sus platos. En otras ocasiones, las nuevas tendencias gastronómicas
están relacionadas con técnicas culinarias sanas y exóticas, como es el caso de
la cocina wok, en la que se emplea un sartén ligera, redonda y profunda que
permite métodos de cocción más rápidos y con menos aceite. El wok es perfecto
para preparar un salteado de verduras y hortalizas con berenjenas, espárragos,
judías verdes, cebolla, pimiento rojo... También encontramos otras nuevas formas de cocinar como la
slow food donde se conserva el gusto por los platos tradicionales, y por ello
eligen elaboraciones simples, como por ejemplo, un puré de verduras, en el que
se evita que los alimentos pierdan su pureza y sabor natural. Esta técnica
culinaria es muy rica en frutas y hortalizas, basada en nuestra cultura
gastronómica considerada a nivel mundial como saludable y recomendable.